Claves para la asunción artística de la fotografía

  • La comisaria de la actual muestra del Museo Picasso, Ute Eskildsen, pronunció ayer una conferencia sobre la imagen fija

El arte, como la especie humana, sigue caminos insospechados. La consideración artística de la fotografía no surgió de la noche a la mañana, sino que atravesó senderos tanto azarosos como marcados por el empeño de unos pocos. Ayer, y con el retrato como género y eje central en este recorrido, la directora del Departamento de Fotografía del Museo Folkwang de Essen (Alemania) y comisaria de la exposición De lo humano. Fotografía internacional 1900-1950 (recientemente inaugurada en el Museo Picasso Málaga), Ute Eskildsen, desgranó en una conferencia pronunciada en la misma pinacoteca las claves de la asunción artística de la fotografía. Como todo en la vida, que la imagen fija adquiriera consideración de creación estética tuvo mucho que ver con una cuestión de corte estratégico.

Eskildsen situó el arranque de su intervención en el periodo de entreguerras, una etapa "especialmente productiva, no sólo en lo referente a la fotografía sino en todas las artes". Fue entonces cuando se definió la fotografía moderna, tal y como se conoce hoy, "a partir de las estrategias desarrolladas previamente en la definición del retrato fotográfico, que significaron una ruptura absoluta de las convenciones". Eskildsen situó la raíz de esta ruptura en el fotógrafo norteamericano Paul Strand, que comenzó a publicar sus trabajos en 1917 en la revista Camera works y que retrataba "a las personas anónimas de Nueva York con un interés que trascendía, con mucho, la mera noción del retrato; lo que él pretendía era buscar a través de aquellas imágenes una significación propia de la fotografía".

Corrían los años en que Europa se desangraba en la Primera Guerra Mundial y Estados Unidos sufría una profunda transformación social tras la revolución tecnológica que motivó la aparición del teléfono, el automóvil y la producción en cadena. "Esta situación permitió que la ruptura de la tradición artística a través de la fotografía se diera antes en Estados Unidos que en Europa; aquí, las primeras experiencias habría que situarlas en la Bauhaus alemana y en Francia, de la mano de Gertrud Arnt y Florence Henri, quienes "propiciaron la aparición de una nueva imagen de la mujer". August Sander como "cronista de la sociedad a través del objetivo" y Helmar Lerski, que buscó vías para que el público "pudiera ver más allá de la superficie hasta alcanzar la otra parte, el interior del retratado", son también ejemplos de esta suerte de vanguardia cuyos trabajos pueden contemplarse en el Museo Picasso.

Ya después de la Primera Guerra Mundial, la nueva generación decidió dar alas a la nueva expresión artística que le permitía contar e interpretar el mundo de una manera más libre. Hasta entonces, la fotografía se había considerado un arte menor y había tendido sin remisión a imitar a la pintura, hasta el punto de que los fotógrafos ocultaban los materiales que empleaban con cierta vergüenza frente a lienzos y pinceles. A partir de los años 20, "los fotógrafos se mostrarán siempre como tales, harán gala de sus papeles y sus procedimientos y abundarán, precisamente, en los hechos diferenciales". Entre éstos destacó sobremanera los modos de presentación: "Mientras en los pintores persistía aún la idea de la obra única, los fotógrafos encontrarían en revistas y periódicos la manera de reproducir sus trabajos con absoluta generosidad". El canon quedaría irremediablemente abierto para la posteridad.

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