Coherencia Chicano

  • El Mupam inauguró ayer una antológica sobre el pintor malagueño que recorre 54 años de trayectoria, desde el 'pleinerismo' de sus inicios a la revisitación de sus bodegones pasando por la nueva figuración

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"Para explicar una obra de arte hay que verla". Quien suscribe esto es una persona que lleva más de medio siglo brindando a Málaga argumentos con los que interpretar su realidad más cercana. Eugenio Chicano vive de sus pinceles y agradece la deferencia con un "compromiso" de por vida a la pintura. Como comisaria de una exposición antológica, Mariluz Reguero resumió ayer 54 años de entrega al arte en términos de "coherencia" y "conciencia social". Los mismos que recorren hasta el 12 de febrero las tres plantas del Museo del Patrimonio Municipal (Mupam) en un retrospectiva con 70 cuadros, algunos de ellos nunca expuestos en Málaga.

Eugenio Chicano. Pinturas 1956-2010 se abre al público como broche de oro al Año Chicano -impulsado por el periodista y amigo del artista, Ignacio Martínez- y sin más pretensión que la de evidenciar una evolución, la del pintor y la de su sociedad. Una evolución que transitó del pleinerismo de sus primeros paisajes a la revisitación del bodegón clásico, pasando por la nueva figuración, siempre sensible al lenguaje pop del momento y deudor de los grandes maestros a los que rindió pleitesía en sus lienzos. "Es un pintor a la manera antigua, que conoce desde las técnicas más tradicionales hasta las más modernas. Y cuando ya tiene mercado regresa a otra cosa totalmente distinta y vuelve loco al galerista", describía Reguero. Sus conocimientos del dibujo lineal y de las técnicas pictóricas le permitieron afrontar cualquier empresa, ya fuera la preparación de la tela, los colores hechos con pigmentos, hasta cortar un cristal, o el inglete de una moldura.

Desde las primeras tablas y cuadros de paisajes veleños de un joven de 19 años a las tonalidades más sombrías desde su estudio en casa de la familia Canales, hasta su venturosa experiencia italiana y el regreso a Málaga por expreso deseo del Ayuntamiento para hacerse cargo de la Fundación Picasso . Las idas y venidas de un artista, que se explica mejor a solas. "Siempre ha sido diferente a cualquiera de sus compañeros y esa soledad, esa inseguridad es difícil de mantener", subrayó la comisaria y esposa del pintor. A su lado, Chicano, en silencio, esperaba su turno de palabra, a sabiendas que es su obra la que habla de él. De su formación prácticamente autodidacta en las diferentes disciplinas, de su intuición, de su "paréntesis" italiano -como él lo llama- y la grata sorpresa de encontrarse con un público que ya lo tomaba como un pintor "consagrado", recordaba.

"El grupo de artistas de la nueva figuración me trataba de tú a tú y eso me dio mucha tranquilidad; por saber que lo que había estaba haciendo estaba bien hecho, que no había sido en vano, y además con las corrientes del momento", comentaba Chicano.

La retrospectiva que le dedica el Mupam divide las salas según los momentos evolutivos de su pintura. Así, el periplo del visitante comienza en sus primeras obras, paisajes urbanos, y de la Vega de Vélez, donde pasaba sus veranos, y continúa con escenas donde la figura humana cobra protagonismo a la par que su compromiso social. Corren los años 50 y La faena ó Copo dan buena cuenta de su mirada cómplice hacia los oficios de la mar, hacia su cara menos complaciente, la de esos hombres y mujeres que pierden el sustento del día por culpa de una mar desagradecida.

Cuando llegaron los años sesenta y setenta, Chicano ya impregnaba sin pudor su pinceles de las tonalidades que iban marcando las circunstancias sociales y políticas del momento. De ahí que el lienzo La mirilla (Málaga, 1968) se llamara así y no Estado de excepción, su título original; o que Los presos políticos se transformaran en Presos, a secas. Al mismo tiempo, la mirada incómoda de Chicano continuaba retratando las contradicciones de una incipiente sociedad de consumo. A esa época pertenecen Sauna, "por la presión que empieza a verse en Málaga por construir cuartos de baño"; o Mi primer marido, un reflejo mordaz de la irrupción del divorcio, "primero en Italia y luego en España", detallaba su autor.

Los ritos cotidianos y los iconos de la sociedad de masas se impregnan de tintas planas y perfiles definidos en un intento por emular a la serigrafía. Chicano los trabaja en formatos cuadrados y fragmenta sus obras en grandes dípticos y polípticos. Aparecen ya ingredientes más lúdicos e irónicos en su visión del arte. En Oferta especial se ríe de la obsesión por la puesta a punto en los gimnasios, y en el acrílico Fermata Richiesta del estrés de una jornada de trabajo que termina en ese autobús frenético.

Ya en la última planta del recorrido, la herencia del lenguaje pop encuentra otro sentido. Con una técnica cercana a la del montaje, Chicano exhibe su propio acervo cultural en auténticos retratos, donde sus referentes del cine, la poesía, la pintura se hermanan con los mitos de la copla y la cultura más popular. Aparecen los rostros descontextualidaos de Picasso, Gris, Machado, Juan Ramón Jiménez, los poetas del 27, de Pablo Neruda y Miguel Hernández, los miembros de La Barraca, Charlot, Buñuel, y, junto a ellos, La Niña de los Peines.

Detienen los pasos del visitanters una serie de lienzos en formato casi monumental creados por encargo con motivo de la X Bienal Internacional del Deporte de 1992, formando parte de la Olimpiada Barcelona 92. Competiciones de nadadores y atletas donde se trasluce la perfecta anatomía y el esfuerzo de ganador, en una plasticidad que casi traspasa las dos dimensiones. Y así hasta la Suite Málaga, reencuentro vitalista del pintor con su entorno natal; o su posterior homenaje a la copla de Imperio Argentina y Concha Piquer; sus naturalezas muertas, siempre vanguardista se impregnadas de ese toque de modernidad bien entendida que persigue siempre la intención del maestro.

Y Picasso en la retina. Como declaración de intenciones. "Para un pintor ya hecho, Picasso es necesario por el talante ante la pintura". Porque cuando se domina la técnica "el arte ya no es angustia sino una gran fiesta", proclama Chicano.

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