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  • Steve Carell estrena hoy la versión cinematográfica de 'Superagente 86', historia de un espía más bien torpe repuesta durante décadas en la pequeña pantalla

Lo de Hollywood y la televisión es curioso. Al principio la caja tonta fue la hermana pequeña del cine, allí donde acababan todos los rebotados de la gran pantalla o los que habían cumplido su ciclo como estrellas. Eran dos mundos separados y que se daban la espalda. Pero a partir de los 80 esto cambió. Empezaron series míticas que favorecieron el trasvase entre los dos medios. Es el caso de Bruce Willis que de Luz de luna pasó sin despeinarse a ser estrella cinematográfica. Pero la vieja rivalidad ha vuelto en este principio del tercer milenio, sólo que al revés. Es ahora la televisión americana la que ofrece una calidad impensable en su momento y que da sopas con honda a la industria de Hollywood en cuanto a riesgo y creatividad. Ahí están Perdidos, Los Soprano, The Wire, The Shield, y otras más. La solución de los del cine ha sido típica: no aprovechar este río de talento y hacer versiones de viejas series. Es el caso de Superagente 86, que adelanta su estreno a hoy miércoles.

Se une a la larga lista de calcos de teleseries míticas, como fueron Embrujada, Los Angeles de Charlie, Starsky & Hutch, SWAT... hechas con mayor o menor fortuna, aunque todas pecan de lo mismo: fallan al intentar actualizar las antiguas tramas, desnaturalizándolas. Superagente 86 se produjo en los años 60, durando cinco temporadas. Era una parodia del cine de agentes secretos, James Bond a la cabeza, de la década prodigiosa. La protagonizaban el desaparecido Don Adams como 86 y Barbara Feldon como 99. La serie sigue funcionando cuatro décadas después como demuestran sus sucesivas reposiciones en todos los canales del mundo. El proyecto cinematográfico se tiró varios años esperando ver la luz, pero problemas legales entre los dos creadores de la serie (Buck Henry y el popular Mel Brooks) lo retrasaron. Al final ganó el pleito el segundo, pero empezó otra historia, ya que no estaba nada convencido de ver a su agente en pantalla grande. Hubo muchas negociaciones en las que fue fundamental a última hora la aparición de Steve Carell, uno de estos inquietantes cómicos americanos capaz de lo peor y de hacer un memorable papel dramático en Pequeña Miss Sunshine. Él fue el elegido para dar nueva vida a Maxwell Smart en detrimento de Will Ferrell, candidato al papel durante mucho tiempo. El reparto se completa con Anne Hathaway (El diablo viste de Prada, La joven Jane Austen) como la agente 99, Dwayne Johnson, ex The Rock, como el agente 23 y el gran Alan Arkin, el libertino abuelo, por cierto de Pequeña Miss Sunshine, como el jefe de Control, la agencia para los que todos trabajan. No se consiguió que Mel Brooks hiciese un cameo, algo que si aceptó Bill Murray. El especialista en comedias Peter Segal dirige.

Maxwell Smart es un más bien torpe analista de la agencia de espionaje Control que se ve ascendido cuando se descubre que Caos, una organización dedicada como su nombre indica a sembrar el terror, ha accedido a las listas de agentes secretos de Control. Así que con gran dolor de corazón de su jefe, Smart es emparejado con 99, una de las espías que se ha salvado de la infiltración enemiga, y el rocoso agente 23. Se dan cuenta que además deben enfrentarse a una gran amenaza: Caos está situando cabezas nucleares en países inestables. Siguen los zapatófonos y las cabinas de teléfonos que son en realidad entradas secretas, pero el utillaje de estos agentes se ha adecuado a esta época tecnológica.

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