Confesiones de un hombre maduro

  • Sr. Chinarro suma y sigue con el notable 'Ronroneando'

Antonio Luque enfrenta a sus seguidores con Ronroneando (Mushroom Pillow, 2008). ¿Es mejor que El mundo según? Es difícil de decir. A los puntos puede que gane, quizá porque la banda está más engrasada, algo más conjuntada. Lo que está claro es que se trata de otro paso más por la senda emprendida con El fuego amigo.

Ya nos hemos acostumbrado al Sr. Chinarro sencillo y claro de estos últimos discos, tanto que parece que aquel críptico, oscuro y desmañado Sr. Chinarro que se despidió con El ventrílocuo de sí mismo (2003) era otro hombre -se marchó con un gran álbum, por cierto-.

Lo que ya no tienen las nuevas canciones de Ronroneando es el efecto sorpresa de aquel primer gran cambio que fue El fuego amigo. Lo que sí tienen es una mayor madurez, algo que se refleja en los temas -el amor desde el abandono, la pérdida y los nuevos encuentros sin rubor adolescente-. Pese a la ausencia de novedad en la fórmula, esta nueva entrega nos deja un buen puñado de favoritas: Los ángeles, Tímidos, Los amores reñidos o la encantadora Anacronismo, por ejemplo.

Limpio y sin lastres, Antonio Luque cumple con su compromiso con las canciones, y las cuida con mimo y con los arreglos justos -atrás han quedado los excesos-, lo suficiente para que el disco resulte variado pero con una identidad propia.

Ronroneando es una obra confesional y pop, con muchos recuerdos a las bandas de los ochenta que le gustan a Luque, pero sin abandonar el personalísimo estilo del sevillano aunque parezca no tener ninguno.

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