Criterios de honradez para la sanción y la recompensa

  • 'Grupo 7', 'Blancanieves' y 'Lo imposible' se perfilan como favoritas para el palmarés

En una noche como la de los Goya, independientemente de la calidad y el talento, se puede premiar o castigar a cualquier cineasta. Este año no será distinto. Puede que se recompense la honradez o puede que se castigue. Honradez como la de la magnífica Grupo 7, de Alberto Rodríguez. Ese crudo y realista drama policial, de personajes que lo pierden todo, mientras otros se pasan su cruel existencia recogiendo los pedazos del pasado que no consiguen olvidar, puede que tenga la misma suerte que tuvo No habrá paz para los malvados el año pasado. A Rodríguez se le da muy bien eso de explorar en los suburbios de la novela negra, de ahondar en el realismo de la jerga criminal y en los mecanismos de la moral policial. Porque hay moral. Ni detrás de la supuesta corrupción se puede esconder esa necesidad de custodiar la inocencia del pueblo que los policías, en este caso, los integrantes de esa agresiva brigada de élite, guardan en lo más profundo de si mismos. Es esa misma moral la que los lleva a romper, con violencia, todo aquello que intente penetrar en sus vidas, por no haber recabado lo suficiente en su insaciable perfeccionismo.

Pero fácil e injustamente podría imponérsele el pelotazo de Mediaset y Juan Antonio Bayona que ha sido Lo Imposible. No cabe duda de que Bayona posee una interesante capacidad para jugar con las emociones. Su dinamismo, ágil, pero volátil, no tarda en hacer acto de presencia. De hecho, pasados los primeros minutos de su trágico relato, nadie negaría que se recoge fácilmente el espíritu del James Cameron más manipulador. Lo imposible trata de enfatizar su encanto a través del silencio mientras exalta su conmovedora banda sonora, pero para eso ya tenemos a Terrence Malick. Aquí ese uso de la música chirría como cliché y en definitiva, resulta tramposo. La obra de Bayona comparte leit motiv con la sobrevalorada Titanic, pero el gancho, que aquélla llevaba como lastre durante casi tres horas, aquí lo sueltan a nivel comercial tras el primer cuarto de hora. El relleno, dulce y sencillo, cómo no, es conmovedor, aunque a decir verdad, lo que conmueve, ante todo, es la historia, en papel, que iba dando saltos de periódico en periódico, y no este superficial intento por hacerla más comercial.

Sin embargo, la favorita de la noche es la pálida Blancanieves de Pablo Berger. Por desgracia, entre tanto simbolismo visual del que presume, parece que el filme no oculta nada tras ese telón de aparente complejidad. Por supuesto, tanto Maribel Verdú como Macarena García se encuentran espléndidas, sobreactuando dentro de las leyes del surrealismo y claro, del cine mudo. Y aunque repleta de referencias culturales españolas, como ese solvente enigma que en Blancanieves representa el flamenco, acaba por ser uno de tantos poemas con ínfulas de complejidad emocional. Pero el que arriesga de verdad es Fernando Trueba, con su apasionante El artista y la modelo que recuerda, como relato sobre la pasión y el amor al arte a través de la belleza del cuerpo de una modelo, a aquella obra tan amarga y solemne que fue La bella mentirosa, de Jacques Rivette. Su magnífico Michel Piccoli aquí encuentra su homólogo en un sobrio y magnífico Jean Rochefort que ofrece una actuación repleta de matices destinados a encumbrar la figura del arte y la de su creador. Una obra que, gane o no gane esta noche (y lamentablemente todo apunta a esto último), será recordada por su fuerza y su clasicismo. Sin duda, la mejor oferta del cine español en años.

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