Arte

Cruce de caminos

  • El Museo Picasso exhibe una retrospectiva de la suiza Sophie Taeuber-Arp, una artista multidisciplinar y vanguardista

Estos itinerarios vanguardistas en torno a Sophie Taeuber-Arp que nos invita a transitar el Museo Picasso, no suponen únicamente un preciso acercamiento a la riqueza y diversidad de las vanguardias históricas, sino que se configura, merced a la trayectoria de la artista suiza, en una metáfora de las paradojas, antagonismos, luchas y debates intestinos que se produjeron en el ejercicio y configuración de la modernidad. Modernidad que, con ejemplos como los de Taeuber-Arp, se muestra rica, compleja y transversal (u horizontal), muy lejana de algunos relatos empobrecedores e interesados -en todo caso lecturas parciales ya superadas- acerca de la misma como proyecto vertical y que supusieron el erróneo paradigma de conocimiento sobre el que se cimentaron prácticas posmodernas por oposición y reaccionarias a esa modernidad.

En su seno contó con aventuras tan radicales, críticas e interdisciplinares (preconizadoras de multitud de ejercicios de la segunda mitad del XX) como el recorrido vital de Taeuber-Arp, la Bauhaus o el surrealismo disidente de Bataille, (en muchos de esos casos la recuperación ha sido tardía debido a la subsidiariedad de éstos frente a otros relatos modernos enunciados y anunciados como hegemónicos).

Taeuber conocería a su esposo Jean Arp en Zurich, núcleo originario del atomizado y heterogéneo Dadá (nacido en 1916), incorporándose ambos pronto a sus actividades. Para estas fechas, Sophie dirige la sección textil de la Escuela de Artes y Oficios de Zurich, preconizadora, en cierto modo, del taller textil de la Bauhaus, así como de un indudable posicionamiento en pos de la equiparación de arte y artesanía y de la desacralización del arte y sus prácticas y soportes privilegiados secularmente.

Taeuber-Arp se mostraba como una pintora, a grandes rasgos, abstracto-geométrica; ese universo a-referencial y depurado, descollante aún (constructivismo, Neoplasticismo o Suprematismo acaban de surgir o están surgiendo), y que en el transcurso de su desarrollo sería calificado como propio de las élites, es trasvasado a lo textil, rompiendo las clasificaciones de artes menores y mayores, además de evidenciar cómo en algunos episodios vanguardísticos se establecen aproximaciones con el repertorio artístico de los mal llamados pueblos primitivos y del arte popular y vernacular, de orden generalmente abstracto-geométrico. Ya advertía Ortega y Gasset de esas "furias de geometrismo plástico" que periódicamente atraviesan la Historia.

El antiarte y lo antiburgués que impregnó Dadá, en Taeuber-Arp no se correspondía con la inutilidad y cierto nihilismo, más bien lo contrario. Si acaso, su obra intentó cercenar las nociones de elevado, inaccesible, privilegio y contemplativo que podía seguir acaparando el objeto artístico en favor de la unión vida-arte, de la extensión del arte a los espacios cotidianos y al devenir del vivir. No buscó crear piezas inútiles y efectistas que escandalizaran cual alegato contra lo burgués, sino acercar el arte, hacer de éste un agente de cambio, quizá, para un nuevo orden.

Las tensiones, paradojas, antagonismos o dialécticas que se manifiestan en su obra tanto como se resuelven, obteniendo el consenso y no el disentimiento, serían: el carácter espiritual -una verdadera Teodicea- de su pintura con la funcionalidad de sus diseños; el desinterés que debía presidir la creación artística (Malevich, por ejemplo, apostaba por ella), y que fue el germen de la modernidad vía Kant, con el refuerzo de lo útil de muchos de sus diseños; ese peso espiritual -puede que solemne- y utópico de su proyecto con los rasgos lúdicos; el desapego a lo espontáneo y violento que parecía que debiese presidir su producción, especialmente la más cercana a Dadá; la defensa de la figuración, en la que devienen puntualmente obras suyas, desde presupuestos abstractos y que la lleva a abandonar el grupo Abstraction-Création; la comentada cercanía y complementariedad de arte y artesanía; o que sus proyectos arquitectónicos y de diseño de mobiliario no dejaban de ser verdaderos logros en sus progresistas círculos (piénsese que la Bauhaus, de la mano de Gropius, tendió a prohibir que sus alumnas participaran en los talleres de arquitectura y se dedicasen a los de telares y la alfarería).

Frente al nomadismo lingüístico de otros autores, Taeuber-Arp experimentaba una multidisciplinariedad e interdisciplinariedad (pintura, fotografía, danza, escenografía, diseño, interiorismo, arquitectura, performance, fotomontajes, literatura de taller, docencia y teoría artística) que ha dejado un variadísimo catálogo de obras.

Además de ello, obviamente, su estilo -tal vez sea más correcto hablar de concepto- pictórico abstracto-geométrico fue evolucionando, no sólo ofreciendo distintas variaciones como lo concreto, lo organicista sino que aproximándose a distintas tendencias y lo que aún era más trascendental dentro de una pretendida ortodoxia abstracta, acercando lo geométrico a lo evocador e incluso la figuración. Sus pinturas y traslaciones a lo textil poseen un dinamismo y ritmo susceptible de ser calificado como musical, tal vez por mediación de lo sinestésico (alusión al ritmo por el color). Éstas parecen resonar tanto como danzar dinámicas.

El universo expositivo ayuda asimismo a precisar cómo Taeuber-Arp emerge como una suerte de cruce de caminos. En su heterogénea obra encontramos influencias, aportaciones y ámbitos privilegiados. Sus proyectos arquitectónicos, de diseño de mobiliario y de interiorismo destacan por el funcionalismo y los débitos a la Bauhaus, De Stijl, Le Corbusier y, en especial, Gropius -en la Casa Müller-Widmann de 1932 resulta evidente.

Sus marionetas para El rey ciervo (1918) se inscriben en el interés por lo lúdico y la representación que encontramos en otros ejercicios como el Circo de Calder, el Ballet triádico de Schlemmer, los juguetes de Depero o El retablo de Maese Pedro representado por vanguardistas españoles como Viñes, Cossío, Buñuel o Peinado.

Taeuber-Arp: un cruce de caminos en el que encontrar las paradojas de la modernidad.

'Sophie Taeuber-Arp. Museo Picasso Málaga. C/ San Agustín 8, Málaga. Hasta el 24 de enero.

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