Cuentos para no ver el peligro

El último cine alemán exportable viene marcado por el asunto multicultural (véase el éxito de Fatih Akin) o por una rebajada revisión de la historia que pretende reabrir viejas heridas bajo las domesticadas maneras de la reconstrucción (El hundimiento, Napola), el género (La vida de los otros) o la parábola contemporánea (El experimento, Los educadores, La ola). Nada queda de la mirada crítica en paralelo a la ruptura del lenguaje efectuada por el Nuevo Cine Alemán (Schlöndorff, Fassbinder, Kluge, Syberberg…), sepultadas hoy por los nuevos formatos del audiovisual que tienen más que ver con la estética de la MTV que con cualquier asomo de modernidad.

La gran paradoja reside precisamente en cómo estas nuevas formas, y en el caso de La ola hablamos de un estilo dinámico y juvenil, conducen a la amnesia cuando lo que buscan a través de sus argumentos, caprichosos jueguecitos y experimentos al vacío, es precisamente alertar sobre el germen fascista que aún anida en la sociedad.

La ola traslada un "caso real" ocurrido en Estados Unidos en 1967 a una aseada e inverosímil high school alemana. Para explicar a la clase el concepto de autarquía, un joven profesor pone en práctica una experiencia de perfil autoritario que acaba por escapar de su control para convertir a sus alumnos en nuevas y uniformadas hordas de jóvenes nazis con iPod y correo electrónico.

Con una falseada moraleja en el horizonte (hay un nazi en cada uno de nosotros y es muy fácil sacarlo a flote), La ola dispone así su intriga y sus estereotipos (el débil gregario y manipulable, el resistente lúcido, el líder ensimismado con su poder, el inmigrante integrado, etc.) desde el trazo grueso y las atractivas formas del cine adolescente. Sin embargo, lejos de convencernos de nada, la película de Gansel fracasa en su artificiosa concepción del monstruo que crece, para buscar ponernos a salvo reconociendo en todo momento la trayectoria y las consecuencias de los acontecimientos.

De la misma manera que La lista de Schindler o El niño con el pijama de rayas buscan consolar a su espectador desde la reconstrucción (y la falsificación) melodramática de la Historia y preservarlo del verdadero horror del nazismo con la fábula sentimental, La ola espanta el peligro con su forzado didactismo de andar por casa. Es más, contribuye precisamente a que sigamos mirando hacia otro lado cuando las verdaderas formas del nazismo ya han calado en ámbitos mucho más cercanos, domésticos y aparentemente inofensivos. No hay más que analizar el lenguaje técnico del mundo empresarial (no se pierdan La cuestión humana, de Nicolas Klotz) o asomarse a los alrededores de un estadio de fútbol para sentir su aliento en el cogote.

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