Dámaso Ruano rememora siete años de plenitud expresiva

  • El Museo del Patrimonio Municipal exhibe hasta el 16 de marzo la obra reciente del pintor con 80 lienzos de entrega al paisaje

El ciclo vital de un pintor se agota cuando decide abandonar el diálogo con la belleza. A punto de cumplir 70 años, Dámaso Ruano continúa en su papel de interlocutor con la obra de arte, "a veces como una batalla y otras veces en paz", sostiene el pintor. Hasta el próximo 16 de marzo el Museo del Patrimonio Municipal exhibe en sus tres plantas dedicadas a muestras temporales la obra reciente del artista, "siete años cargados de búsqueda", matiza.

El recorrido por los 80 lienzos que conforman esta muestra reproducen un discurso plástico en el que predomina el uso del collage, la abstracción del paisaje y "su mundo poético interior", resume Enrique Castaño, comisario de Dámaso Ruano 2000-2007. Tres constantes vitales s que han marcado el pulso del artista y su evolución "sosegada y reflexiva" hacia la depuración de su lenguaje y la conquista de la "plenitud expresiva", sostiene Castaño.

La naturaleza en estado de gracia preside la práctica totalidad de unos lienzos mimados con la luz y el color inherentes al pincel de Ruano, en comunión directa con "el orden y la serenidad", puntualiza el autor. Maestro de la geometría aplicada a las formas artísticas, sus composiciones encuentran el aplauso de profesionales ajenos a su gremio. "Es curioso como la obra de Dámaso atrae a arquitectos, ingenieros y analistas del espacio", explica el comisario de la muestra.

Los horizontes de Ruano despliegan esa debilidad por el cielo como paleta cromática, susceptible de una observación detenida. "Como decía Miró lo que vale es el diálogo con la obra, mirarla y hablar con ella", parafrasea Ruano, partícipe de esa comunicación "unido a una técnica simple", añade.

En trípticos de gran formato, series de menor tamaño y otros acrílico, el pintor vuelca su percepción de una realidad (en relieve o plana) filtrada por el prisma de un esteta incansable. "Esta exposición representa mi amistad con la belleza, la adoro y considero necesaria para movernos por este mundo tan agitado", reflexiona el artista.

Bajo rótulos como La tarde, Ráfaga, Espera y Bruma Ruano retrata esa visión contemplativa con la que trabaja a diario desde su estudio de El Palo. Al igual que Miró, no suele dedicarle más de cuatro o cinco horas a su creación, porque casi todo el tiempo lo pasa observando el trabajo realizado. Dámaso Ruano (Tetuán, 1938) no suele utilizar el caballete, ni siquiera para las piezas de mediano y pequeño formato. Prefiere colocar el lienzo o la tabla en posición horizontal, sobre una mesa.

Cuando no pinta, el artista se recrea en otros lenguajes con la lectura de poesía francesa e inglesa o se acerca a sus musas más terrenales. "A la playa de El Palo le robo elementos, el espeto o cualquier material cargado de esa especie de sonrisa y sorna", describe. Ahora su Málaga de adopción le devuelve una mirada serena a siete años de fertilidad creadora.

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