Danzad, danzad: no basta con mirar

  • Miles de personas disfrutaron a lo grande la sexta edición del Festival Ojeando, con decenas de actividades gratuitas · Las más de 2.200 entradas para el único recinto con acceso de pago se agotaron con rapidez

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El reloj marcaba las una de la mañana de la madrugada del sábado al domingo en el hogar del jubilado de Ojén. El espacio tenía una vida a esas horas difícil de ver en otras ocasiones. Y mientras alguna pareja de pensionistas veía la copla por la tele, su tradición, un buen número de jóvenes se agolpaban frente a las ventanas del bar sin dejar escuchar las coplas al matrimonio. "Es que esto es primera línea. ¡El mejor sitio!", decían algunas chicas. Tenían razón: desde allí se podía disfrutar -aunque de una manera diferente- de los conciertos del Festival Ojeando, que se celebraban en el patio del colegio, perfectamente visible desde la altura del hogar del jubilado, donde los precios de las bebidas hacían aún más apetecible el sitio.

El lugar era ideal para ojear este evento que hace duplicar la población de Ojén durante el fin de semana para los que se quedaron sin su pulserita de acceso al recinto. "Hubiéramos pagado por estar ahí abajo, pero ya no había entradas", añadía otra chica mientras comenzaba a sonar el cabeza de cartel de la edición de 2012, Love of Lesbian, ante las más de 2.000 personas que abarrotaban el único espacio de pago del festival confirmando que el Ojeando 2012 ha vuelto a ser, de nuevo, un gran éxito de público en su ya sexta edición.

Se notó en la nueva zona de acampada, repleta de festivaleros con ganas de pasar un fin de semana especial. Y también en las entradas. En la primera ocasión que el escenario del patio del colegio tenía acceso de pago (eso sí, a precios accesibles: 15 euros el abono de dos días y 10 euros la de una sola noche) el papel se acabó con rapidez. Tanto, que horas antes de comenzaran los conciertos del sábado hubo que colgar el cartel de no hay billetes. "Y mira cómo está el pueblo, lleno. Lástima que se vaya a quedar muchísima gente sin entrada", decían desde la organización. Las caras de los camareros de los restaurantes locales, del personal de Protección Civil o de los muchísimos voluntarios lo decía todo: el pueblo estaba sobrepasado con la gran asistencia.

Muchos visitantes se quedaron sin ver a las bandas más llamativas del cartel del sábado, pero al menos tuvieron otras grandes opciones para disfrutar del festival a lo largo del casco urbano del pueblo: Dos escenarios gratuitos (uno en la plaza y otro en el antiguo molino), stands en los que comprar regalos variados o bares y puestos callejeros en los que degustar desde productos locales a mojitos a precios de otras épocas. En general, el buen ambiente reinó en todas las calles durante todo el fin de semana. Y los vecinos que no se sumaban a la fiesta, al menos miraban el lado positivo: "Hoy dormiremos poco, pero esto es buenísimo para Ojén", decían algunos de los mayores que, sentados al fresco frente a sus casas, veían pasar a cientos de jóvenes de un lado a otro y escuchaban la variada música de fondo que impregnó las noches ojenetas del viernes y el sábado.

Precisamente era la música el motivo de todo el lío en el pueblo. Y los grupos -de lo mejorcito del panorama indie español- hicieron aún más grande al festival con sus actuaciones. Lo demostraron especialmente los granadinos Niños Mutantes y los navarros El Columpio Asesino durante la noche del viernes. El público también agradeció especialmente el sorprendente derroche guitarrero de la cantautora jiennense Zahara el sábado, aunque sin duda los grandes triunfadores de la última noche del festival fueron los catalanes Love of Lesbian, que presentaban por primera vez en Málaga su último disco, La noche eterna. Los días no vividos y dejaron claras sus intenciones desde el minuto cero: "Venimos a darlo todo", aseguraba Santi Balmes nada más aparecer por el escenario. Mientras, en la plaza sonaron, y muy bien, grupos malagueños como los veteranos Santos de Goma o Lux, la nueva e interesantísima propuesta de Chus Heredia; mientras que el escenario del Molino la música electrónica sonaba hasta casi el amanecer.

El clímax del Ojeando 2012 para la gran mayoría fue, probablemente, el tramo final del concierto de Love of Lesbian, pasadas las dos de la mañana del sábado. Y, en plena apoteosis de esta banda de Barcelona, las persianas de las ventanas del hogar del pensionista bajaban. A la organización no gustó que desde allí se pudiera disfrutar de los conciertos, al menos eso explicaban desde Protección Civil. Será probablemente ése el único pero de este festival, quizás, junto a la falta de alguna zona mejor habilitada para el aparcamiento de vehículos, que terminan repartidos sobre las aceras de medio pueblo. Aunque lo más importante es que el evento hace honor a su nombre y si ojear significa mirar a alguna parte, los miles de asistentes que acudieron a este Ojeando 2012 pudieron mirar hacia muchas partes y disfrutar de una de las citas más consolidadas y recomendables del verano malagueño. Paciencia, ya queda menos para la edición de 2013.

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