Los Dardenne buscan su tercera Palma con un relato sobre la culpa

  • Los realizadores narran en 'El silencio de Lorna' la historia de una inmigrante albanesa que se casa con un drogadicto para conseguir un pasaporte de la Unión Europea

El cine pegado a la realidad más acuciante no desaparece de las pantallas del Festival de Cannes, donde ayer los belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne estrenaron El silencio de Lorna, la película que les podría dar su tercera Palma de Oro.

Venerados por la crítica, los hermanos Dardenne construyen de nuevo una historia basada en valores universales, en este caso el amor y la culpa.

Inspirada en una historia real, El silencio de Lorna se detiene en la vida de una inmigrante albanesa (Arta Dobroshi) en una gran ciudad belga, que se casa con un drogadicto (Jérémie Renier) para conseguir un pasaporte de la Unión Europea.

Enamorada de un compatriota (Alban Ukaj), con quien está ahorrando dinero para montar un negocio, la joven se ve obligada a seguir las instrucciones de un taxista italiano (Fabrizio Rongione), mediador en el matrimonio por papeles.

El silencio de Lorna es "un retrato de una mujer de nuestra Europa (occidental) contemporánea", señaló Jean-Pierre en la conferencia de prensa. "Lo que realmente nos interesa son los individuos, los seres humanos, gente que viene de otras partes, que trata de conseguir lo que cree que es su parte de felicidad", puntualizó.

Lo que diferencia a los Dardenne de muchos otros realizadores que también tratan de explorar lo que constituye el mundo real es que su cámara no se recrea en los aspectos más crudos de la situación que atraviesan los personajes, sino más bien todo lo contrario. Con una gran sutileza son capaces de asestar al espectador verdaderos puñetazos sin mostrar una sola escena de violencia o dolor.

En la película, los protagonistas tienen en común que quieren cambiar de vida, "y la forma de hacerlo es con dinero", explicó Jean-Pierre, sobre las numerosas escenas en las que la cámara refleja esa circulación de billetes, el elemento que vincula a los protagonistas.

"El dinero -agregó- es lo que de alguna manera determina nuestra relaciones y no tiene que ser precisamente malo".

En definitiva, El silencio de Lorna es la historia de un ser humano que intenta sobrevivir, una historia inapelablemente universal que podría convertir en únicos a los Dardenne si conquistasen su tercera Palma de Oro después de Rosetta (1999) y L'Enfant (2005).

La cinta, que fue acogida con un cálido aplauso, fue la única de la competición oficial que ayer se proyectó en Cannes, donde parece que se ha instalado cierto sentimiento de resaca tras el intenso fin de semana con el amplio abanico de estrellas que desfilaron por la alfombra roja, desde el boxeador Mike Tyson hasta Harrison Ford, pasando por Steven Spielberg, George Lucas, Woody Allen o Penélope Cruz, entre muchos otros.

Las cámaras de los fotógrafos se fijaron ayer en la actriz franco-italiana Monica Bellucci, protagonista junto a Luca Zingaretti de Sanguepazzo, cinta del italiano Marco Tullio Giordana proyectada en una función especial fuera de la competición oficial.

un drama mexicano

Con su primera película en Cannes, Sangre, Amat Escalante regresó a México con el premio de la crítica Fipresci. El realizador mexicano volverá hoy a vivir la tensión de la primera función cuando presente en el certamen francés su segundo largometraje, Los bastardos, un drama sobre la inmigración mexicana en Estados Unidos.

"Salió una película rara pero interesante y extrema", señaló Escalante. Este trabajo tiene un punto autobiográfico al ser él mismo "hijo de un matrimonio ilegal", según sus propias palabras.

"Mi padre cruzó la frontera ilegalmente antes de que yo naciera y se encontró con mi madre en California", relató el cineasta, que proyecta la cinta en la sección Una Cierta Mirada, la segunda en importancia dentro del certamen.

"Yo crecí con historias de inmigración y cruzadas del desierto muy fuertes dentro de mi familia", explicó Escalante, que de adolescente trabajó con inmigrantes en Texas para ganarse la vida.

Otro momento memorable de la jornada se vivió con la entrega al portugués Manoel de Oliveira de la Palma de Oro por su carrera. El cineasta, que cumple en diciembre 100 años y sigue en activo, recogió el galardón en presencia de Clint Eastwood. En el acto fueron proyectados Un día en la vida de Manoel de Oliveira, un corto de nueve minutos del director general del certamen francés, Gilles Jacob, y la primera película del realizador portugués, Douro, Faina Fluvial, una producción de 18 minutos.

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