Despilfarro de talentos y de una herencia

Que Blake Edwards es un genio de la comedia lo atestiguan Desayuno con diamantes, La pantera rosa, El nuevo caso del inspector Clouseau, La carrera del siglo, El guateque y Víctor o Victoria. Nacida bendecida por la elegancia y el talento -David Niven, Claudia Cardinale, Peter Sellers, Capucine, música de Henry Mancini y dibujos de los títulos de crédito de Fritz Freleng- La pantera rosa tuvo tal éxito en 1963 que inmediatamente originó una secuela y -caso único en la historia del cine- una serie de animación basada en la famosa pantera creada por Freleng para los créditos. Tras el fracaso consecutivo de tres excelentes películas alejadas de la comedia -un western (Dos hombres contra el Oeste), un melodrama romántico (La semilla del Tamarindo) y un policíaco (Diagnóstico asesinato)- Edwards volvió a la serie de la Pantera Rosa para recuperar los muebles. Nacieron así a partir de 1975 las secuelas, de interés decreciente, El regreso de la Pantera Rosa, La Pantera Rosa ataca de nuevo, La venganza de la Pantera Rosa, Tras la pista de la Pantera Rosa y La maldición de la Pantera Rosa (las dos últimas patéticamente montadas con material de archivo porque ya había muerto Peter Sellers); cerrándose el ciclo en 1993 con la deplorable El hijo de la Pantera Rosa. En 2006 el realizador Shawn Levy y el actor Steve Martin resucitaron la serie con una nueva versión de la primera entrega. Deplorable. Ahora Harald Zwart, un director noruego que nunca debió abandonar los fiordos, vuelve a la carga con una segunda parte también interpretada por Steve Martin. Lamentable. El resultado es una peliculita a ratos divertida para quienes se rían con cualquier cosa, que despilfarra un reparto derrochadoramente lujoso: Jean Reno, Andy García, Alfred Molina, Aishwarya Rai, John Cleese, Johhny Hallyday y Jeremy Irons.

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