música Una semana de reencuentros en el primer escenario de la ciudad

Dios salve (otra vez) a Tabletom

  • El caso de la banda malagueña ya no es de supervivencia, sino de asunción milagrosa · Hoy se presenta de nuevo a su público en el Teatro Cervantes con Tony Moreno como cantante

Que el rock además de actitud es pura reinvención no es más que una lección de la historia. El axioma atañe a las bandas de menor proyección que se buscan la vida en garitos durante décadas, pero también a las más grandes y las más aclamadas. Ocurre a veces a costa incluso de la desaparición de los iconos, como cuando Brian May decidió seguir tirando del carro de Queen con Paul Rodgers como sustituto de Freddie Mercury, en una estrategia tan sorprendente como fallida; en otras, no hace falta el RIP para pasar página de manera radical, como cuando Phil Collins asumió la frontal de Genesis en 1975 tras la lúcida salida de Peter Gabriel o como cuando David Gilmour decidió en 1985 que Pink Floyd seguiría adelante sin Roger Waters, por muchas demandas que hubiera que afrontar. Pero, independientemente de los tamaños de los dinosaurios, que al fin y al cabo lo son más por viejos que por diablos, Tabletom constituye un caso único en la larga lista de los grupos que han emulado al Ave Fénix. Y ello se debe a que quien fue su enseña durante 35 años, Roberto González, fallecido en junio del año pasado, se convirtió en un símbolo de su ciudad tan poderoso y evocador como el Cenachero, el loco Matías, el Piyayo y otros nombres de martirologio incontestable. Esta afectividad social y cultural hizo de Tabletom una banda querida por su gente, reivindicada como un emblema adorable que tanto necesitaba Málaga, ajeno a chauvinismos, patriotismos baratos y victimismos dolorosos. Pero, a la vez, la abstracción monumental de Roberto, su despiste global, su feroz independencia y su incapacidad para ajustarse a nada y a nadie condenaron a Tabletom al malditismo, a la descatalogación, al espanto de discográficas y productoras y al desahucio de la industria. Hoy, Tabletom se presenta de nuevo ante su público a las 21:00 en el Teatro Cervantes. Lo hace con cantante nuevo, el granadino Tony Moreno, conocido gracias a su trabajo en Eskorzo y depositario de todas las ganas que parece seguir teniendo la banda para seguir en la brecha. Lo hace sin símbolo, pero también sin maldición. Como un grupo que empieza y que a la vez lleva 35 años de dedicación. Lo suyo no es supervivencia: es una asunción digna de la Virgen del Carmen, y que Dios nos perdone.

En una entrevista concedida hace unas semanas a Málaga hoy, Tony Moreno afirmaba que se había sentido asombrado por la decisión que mostraban los hermanos Pedro y José Ramírez (guitarra y saxo y flauta, respectivamente), núcleo esencial de Tabletom junto a Roberto desde 1976, de continuar haciendo música, su música, aunque fuera con otro cantante. "No es nada habitual ver a gente con tanto tiempo detrás y con tanto amor por la música. Cuando me propusieron unirme a ellos, ¿cómo podía decirles que no?", detalló el vocalista, tan abrumado por la responsabilidad (él mismo se confiesa seguidor de la banda desde su adolescencia) como ansioso por subirse a las tablas del Cervantes y meter mano a algunas de sus canciones favoritas del repertorio, entre las que citaba especialmente La parte chunga y El blues del ozono. El de hoy, como corresponde al Teatro Cervantes, será un concierto con un formato más relajado, sin tabaco y sin alcohol ("Al menos tendremos buena calidad de sonido", bromeaba al respecto Pedro Ramírez el pasado viernes) y con más gusto, aunque el nuevo Tabletom apunta a una fórmula más contundente de la que dará buena cuenta ya el próximo viernes en la Sala El Tren de Granada. Y no cabe duda de que Roberto estará en la memoria, pero la propuesta que hoy echa a andar mira mucho más al futuro que al pasado. Todas y cada una de las declaraciones que los hermanos Ramírez han realizado desde que anunciaron la continuidad de Tabletom han ido en este sentido: "Que el grupo continúe no debe entenderse como una falta de respeto hacia Roberto, sino como señal de las ganas que tenemos de seguir haciendo música".

Es evidente, por tanto, que ni el ejercicio profesional de Pedro y José Ramírez como profesores en conservatorios de música de la capital malagueña ni su proyecto Ramírez Brothers, más próximo al jazz, resultaban suficientes. Tabletom es carne de rock, por más que el inoportuno buenrollismo pretenda arrimarlos al flamenkito y otras modas pasajeras. Después de que Ricardo Pachón produjera Mezclalina en 1980, la banda se dio toda la prisa del mundo en quitarse de encima la etiqueta del rock andaluz. Arrobados por las drogas y el magisterio de Robert Fripp, lo que los Ramírez y compañía querían hacer era un rock progresivo, complejo, barroco, acunado en compases irregulares y en minutajes extensos que pudiera significar aquí. Pero en 1980 aquel pescado estaba más que vendido, el afterpunk pegaba con fuerza desde el espejo inglés y quienes durante los 70 habían completado caras enteras de un LP con un solo tema en grupos como Yes ahora triunfaban en bandas como Asia, con felpas de Adidas en la frente y temas molones de tres minutos para mayor complacencia de la MTV. Tabletom ha llegado tarde a muchas citas decisivas, pero aquella fue la mayor. Sin embargo, su actitud no fue otra que la de hacer lo que les daba la gana. El sistema no quiso saber de ellos, y ellos sacaron partido, a su manera.

Siendo realistas, no cabría esperar ahora de Tabletom el éxito que nunca tuvieron, por más que Roberto, principal responsable de su aislamiento, ya no esté con ellos, y por más que Tony Moreno presente la solvencia suficiente para hacer conectar a la banda con un público más joven y más amplio y ganar así una mayor proyección. Después de 35 años, la leyenda pesa demasiado. Pero, en buena medida, lo limitado de su público ha permitido a Tabletom producir discos como el último, Sigamos en las nubes (2009), en el que la preeminencia de los temas cercanos a los diez minutos de duración vuelve a ser palpable. Este verano, la banda grabará un álbum con material nuevo para seguir dando coartada al porvenir. Que lo compren cuatro ya no les importa: sólo quieren seguir tocando. Hoy, los Ramírez y Moreno, junto a Carlos Becerra, Agustín Carrillo, Oliver Lepinat y Manuel Arrabal, y con Toni Zenet como invitado, volverán a hacer historia. Su historia. La nuestra.

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