Emocionante conmemoración

Concierto nº 6. Teatro Cervantes. Fecha: 4 de diciembre de 2009. Programa: 'Henry Clifford (Preludio y Dance of The Fairies)' de I. Albéniz, 'Pepita Jiménez (fragmentos orquestales)' y 'Merlin' (suite sinfónica) de Albéniz/De Eusebio, junto a varios números orquestales de óperas de Wagner. Intérpretes: Orquesta Filarmónica de Málaga. Director: José de Eusebio. Aforo: casi completo.

Programa emocionante podrían ser las palabras que describan el sexto programa de abono de la presente temporada de la Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM). Una emoción que se podría encauzar desde tres puntos de vista, todos a cual más interesantes: un acercamiento desde una postura musicológica, o lo que es lo mismo, aproximarse a las labores investigadoras del maestro José de Eusebio, para el caso como batuta invitada; resaltar el interés que puede suscitar Albéniz desde una perspectiva poco o nada conocida, o hablar de la más que valiosa producción lírica albeniciana; y subrayar la evolución técnicamente musical en lo relativo a la faceta compositora/orquestadora del maestro español. Por todo ello, el homenaje musical dedicado al centenario de la muerte de Isaac Albéniz se perfilaba interesante a todas luces, y se confirmó con éxito.

Quedó más que claro que De Eusebio conoce todos los entresijos de las partituras del catalán. Su gesto, en clara actitud de subrayar cada pasaje independientemente de la importancia que conlleve, nos invitó a conocer los matices del Preludio y la Dance of The Fairies de Henry Clifford. Una excepcional partitura, al margen de las críticas que cosechó en los años de su creación y estreno, y que dio paso a los fragmentos orquestales extraídos del lirismo de Pepita Jiménez. Una compilación de momentos de la pieza albeniciana que el director madrileño supo traducir con total soltura y con la labor conjunta de los maestros de la orquesta.

Ya al término de la primera parte hizo acto de presencia Merlin o Merlín (si atendemos a la denominación en castellano del título inglés original). Otra evocación encantadora en formato de suite (en el sentido amplio de la palabra) para orquesta y que vino a ser un estreno absoluto, para diferenciarla de la que De Eusebio diseñó en un primer momento. Una interpretación que vivió momentos espléndidos al comienzo y con el Finale pero que, ciertamente, se ensombreció con ligeros titubeos en la cuerda, y muy especialmente con el sonido desigual en las intervenciones de la trompa solista.

Finalizó el concierto con Wagner en una segunda parte de interpretación de innegable verosimilitud y de eficiente sonido compacto. Pese a una nueva aparición de algún que otro sonido falso en las trompas en el Preludio de Tristán e Isolda, las intervenciones de las maderas y la cuerda equilibraron la balanza a favor. Igualmente, no se puede pasar por alto la notable ejecución de los metales en Tanhäuser y una reflexión para la posteridad: la valía de Albéniz como compositor. Nos quedamos en el deseo de una (o alguna) producción escénica completa.

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