Épica del viaje interior

  • El presidente del Centro de Estudios de Lawrence de Arabia, Jeremy Wilson, abre mañana en la Casa Gerald Brenan un ciclo sobre viajeros románticos

La sola mención de su nombre ya es sinónimo de aventura: T. E. Lawrence (1888 - 1935), a quien la posteridad otorgó el título popular de Lawrence de Arabia, ofreció en el contexto de la Primera Guerra Mundial la encarnación asombrosa y concreta del superhombre nieztscheano, del héroe con mayor coraje en el campo en la batalla, del hombre capaz de llevar a buen puerto la revuelta árabe contra el Imperio Otomano, de la constatación de que Oriente y Occidente no estaban abocados necesariamente a una relación de dominio y sumisión; pero también fue Lawrence el autor de una obra fundamental como Los siete pilares de la sabiduría, un creador de una inquietud espiritual inquebrantable que prefirió los ritos de la sencillez y la vida retirada a la pompa y los galones. Escritor, arqueólogo y oficial del Ejército Británico, T. E. Lawrence representó el arquetipo de viajero romántico en el siglo XX; pero cualquier épica en torno a él que no repare en su viaje interior, tanto o más profundo, tanto o más maravilloso, está abocada al fracaso. Éste es el punto de partida con el que el presidente del Centro de Estudios de T. E. Lawrence, Jeremy Wilson, abrirá mañana jueves en la Casa Gerald Brenan, en Churriana, a las 18:30, un nuevo seminario dedicado a los viajeros románticos con la conferencia Lawrence de Arabia: en busca del buen salvaje. El programa reúne también mañana a la responsable del Premio Mujeres Viajeras, Pilar Tejera, con la ponencia Mujeres del pasado en la Ruta de la Seda; y al director del Centro Andaluz de las Letras, Juan José Téllez, que hará lo propio con El Marruecos de la Generación Perdida: Beatniks en el Tánger de Paul Bowles. El viernes continuará el ciclo a la misma hora con otros tres ponentes y otras tantas conferencias: el presidente de la Sociedad Geográfica de España, Javier Gómez Navarro; el escritor y periodista Javier Reverte con Viajar para escribir; y la escritora Alexandra Lapierre, que charlará sobre Mujeres conquistadoras en acción: Isabel Baretto, Artemisia Gentileschi, Moura Budberg. Si el calor ofrece el clima más propicio al viaje, aquí hay para despacharse a gusto.

Desde la calidad rousseauiana de su título, la conferencia de Wilson, considerado la mayor autoridad mundial en Lawrence de Arabia y autor de la reconocida como biografía autorizada del soldado, pretende explicar cómo un escritor pudo haber llegado a alumbrar un "verdadero clásico de la historia de la literatura" como Los siete pilares de la sabiduría (publicado en 1926) "sin haber escrito antes prácticamente nada", tan sólo una correspondencia que, según apuntó el propio Wilson ayer, entraña la mejor herramienta para arrojar luz sobre el proceso. La razón viene de la mano de la categoría de Lawrence como viajero: hasta 1926, su mejor forma de escribir había sido viajar. En 1908, con veinte años recién cumplidos, Lawrence emprendió su primer viaje fuera de Inglaterra con destino en Francia. Fue, en realidad, una experiencia casi doméstica porque el futuro oficial había pasado allí parte de su infancia, pero al mismo tiempo resultó determinante: "Lawrence quiso visitar los castillos medievales de Francia, y al verlos decidió que iría a conocer los castillos de las cruzadas en Siria y Palestina, tal y como hizo al año siguiente. En Francia se había sentido como un francés más, y comprendió que si quería ir a Oriente Medio tendría que hacerlo con la misma disposición, así que aprendió árabe y se esforzó por adquirir todas las costumbres de aquella parte del mundo". Tras una primera visita volvió a Oxford, donde se graduó con calificaciones de honor, y regresó posteriormente a Siria ya como arqueólogo. "Viajaba entonces a Oriente por temporadas, como todos los arqueólogos", apuntó ayer Jeremy Wilson, quien subrayó que durante sus largas estancias lejos de Inglaterra "escribió numerosas cartas, a amigos y familiares pero también a historiadores y escritores, en las que daba cuenta de sus hallazgos. Así se formó como escritor de viajes". De hecho, las cartas llamaron la atención de intelectuales como André Malraux (que dedicó a Lawrence la biografía El demonio de lo absoluto, "aunque en ella escribió más bien Malraux de sí mismo", apuntó ayer Wilson), Victoria Ocampo y Jean Paul Sartre, que llegó a escribir un guión cinematográfico basado en la vida del héroe de guerra británico. Lawrence dio por terminadas aquellas campañas en 1914, con el estallido de la Primera Guerra Mundial, y regresó a Inglaterra para ponerse a las órdenes del Ejército. En 1916 partió a El Cairo y poco después estalló la revuelta árabe contra la dominación otomana, a cuyo éxito contribuyó.

Sobre la posibilidad de que Lawrence hubiese llegado a ser escritor sin necesidad de viajar, Jeremy Wilson afirma que "habría sido lo más probable", si bien el autor de Los siete pilares de la sabiduría siempre se refirió al libro Viajes por el desierto de Arabia de Charles M. Doughty como "su principal influencia". Considera Wilson igualmente que el ideal de vida sencilla, retirada y horaciana, que Lawrence persiguió durante toda su vida y al que se consagró como escritor, lo adquirió durante sus estudios de la Edad Media "y lo encontró materializado de alguna forma en las humildes formas de existencia de los beduinos en el desierto. Con ellos entendió que toda la introspección de su viaje interior había llegado a buen puerto, había tenido sentido. Sin embargo, cuando estalló la guerra, Lawrence tuvo que admitir que, más que un ideal, lo que había perseguido era una ilusión, porque los beduinos reaccionaron en la contienda exactamente igual que cualquier otra comunidad, con la misma rabia y la misma poca cordura. Más aún, la escasez de medios dejaba en una evidencia mayor estos defectos, los hacía más claros". Lawrence dejó de viajar motu proprio tras la Primera Guerra Mundial "pero mantuvo firmes estos ideales. Cuando fue enviado como diplomático a la India, se sintió avergonzado por la actuación de los británicos en sus colonias. En una carta escrita entonces a un hermano que era misionero en China, Lawrence afirmaba que Occidente no tenía derecho a inmiscuirse en el futuro de estos países".

¿Y la película de David Lean? "Muy buena. Pero en lo biográfico es una tontería resentida", responde Wilson. El viaje continúa.

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