Érase una vez el paraíso del cuentacuentos

  • Escolares de Málaga acuden esta semana al Archivo Histórico Provincial para celebrar el centenario de Andersen

En el país de los cuentacuentos el niño es el rey y su reino el de la imaginación. Cada 2 de abril se conmemora en todo el mundo el nacimiento del escritor Hans Christian Andersen, uno de los soberanos del género infantil. En Málaga los actos de celebración de este Día Internacional del Libro Infantil tienen como eje la Muestra Internacional de Narración Oral que se celebra en el Archivo Histórico Provincial. Y los cuentos narrados a viva voz concentran la atención de 13 centros escolares de toda la provincia que acuden a su cita anual con la fantasía.

Ayer a las 11:00 todos los asientos del salón de actos estaban ocupados por oyentes, ávidos de historias que les aferraran a la silla. Y Marta Escudero lo consiguió. Desde México llegó cargada de relatos con los que amenizar la mañana. Pero, como en todo espectáculo que se precie, antes de empezar el aviso de rigor. "Los móviles están apagados, ¿verdad?", aclaró la cuentacuentos. Porque durante los 50 minutos siguientes tan sólo la palabra se adueñaría del silencio.

Escudero comenzó su sesión con El origen de los seres y las cosas, un cuento con la lluvia y sus efectos como protagonista. "¿Sabéis a quiénes le encanta jugar con el barro?", inquirió la narradora. "¡A los perros!", contestó uno de los escolares. Respuesta fallida. "No, ¡a los papás y las mamás!, y ponen esa cara cuando os ven llegar llenos de barro porque les da envidia!", aclaró. Con el público metido en el bolsillo, Escudero continuó su ración de aventuras en voz alta con las tribulaciones de un buitre "que en México se llama sopilate", un murciélago, un niño llamado Coyote y, entre todos ellos, "siempre hay un pero. Si no, no existirían los cuentos", recordó.

Su antecesor en el puesto, Boniface Ofogo se había encargado minutos antes de entretener a alumnos de Secundaria con tres relatos rescatados de la tradición oral propia de su país, Camerún. Como colofón, Ofogo eligió El valor de la palabra, un cuento "para reflexionar" en torno a un condenado a muerte salvado por la fe de un anciano en los hombres de palabra.

Ofogo vive ahora en Madrid, pero lleva 15 años recorriéndose el mundo como cuentacuentos. La vocación viaja consigo desde que tiene uso de razón. De pequeño en su país no faltaba a las veladas de luna llena de abril, una tradición en torno al fuego "coincidiendo con la época de la pelada de cacahuetes" y que tenía en los cuentacuentos a un aliado frente al sueño. Ahora desde Málaga participa con compañeros del mismo empeño. "Que al menos un libro al mes caiga en manos de los escolares", expresó Francisco López, delegado de Cultura en funciones de la Junta de Andalucía.

La biblioteca Cánovas del Castillo (calle Ollerías) celebró la efemérides con la visita de 200 alumnos de Primaria a El bosque encantado, una actividad a medio camino entre el teatro, el fomento de la lectura y el cuentacuentos. A su término los niños se llevaron a casa un libro como regalo.

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