Escena local o nostalgia de los milagros

  • Sin presencia internacional y con un 40% de su programación consagrada a compañías malagueñas, el Festival de Teatro abrirá su 35 edición el 7 de enero

Había una vez (no hace mucho, en realidad) un festival de teatro en el que era posible encontrar montajes de referentes (milagro, milagro) como Robert Wilson y Robert Lepage, de compañías como Nowy Theatre y de diversos agentes desestabilizadores de la escena internacional. Desde hace algún tiempo, sin embargo, el certamen parece haberse acomodado en su fórmula de temporada comprimida con el fin de consagrar algo más de un mes a los montajes que, por la sobrecarga de programación de los teatros municipales, apenas pueden recibir la atención merecida durante el resto del año. Apuntaba ayer Juan Antonio Vigar, el director del Teatro Cervantes, que, con la trigésimo quinta edición a la vista, el Festival de Teatro es el proyecto más antiguo del primer coso de la ciudad; sin embargo, mientras otros certámenes cómplices como el Festival de Cine en Español e incluso el Festival de Jazz han crecido de manera exponencial en los últimos años, el Festival de Teatro parece obligado a contentarse con esta función de síntesis, sin resonancia internacional (con excepciones muy contadas, como la de The Tempest que ofreció en la edición de 2016 en el Teatro Echegaray la compañía del francés Serge Ayala) y con una acumulación de funciones que en realidad se parece bastante poco a un festival. Los contenidos de la próxima edición, que se celebrará del 7 de enero al 11 de febrero en el Cervantes y el Echegaray como escenarios principales (además del Hotel Vincci Posada del Patio, la Sala de la Escuela Superior de Arte Dramático y el Centro de Cultura Activa Pedro Aparicio en la cuota oficial junto a las salas ya habitualmente adscritas a la programación Off), confirmaron ayer esta tendencia, con un cartel sin reclamos foráneos, con pocos huecos reservados a la escena alternativa o experimental y, eso sí, una abultada presencia local: el 40% de las 42 obras y 74 funciones programadas corresponden a compañías malagueñas. Es más, siete de los ocho estrenos anunciados han sido producidos en la ciudad. La atención a la escena más próxima siempre es loable, pero cabría reflexionar sobre si, dada la programación continuada de Factoría Echegaray en Málaga como gran escaparate local, el refuerzo y la creación de públicos no merecerían una mayor entrada en juego de elementos sorpresa a través de experiencias teatrales de otros orígenes, estilos, registros y disciplinas. En resumidas cuentas: al Festival de Teatro de Málaga le queda mucho campo en el que crecer y posiblemente tiene el mejor modelo en sí mismo, en lo que una vez fue. Seguramente con ello puede asegurarse una sana longevidad.

Ya en materia, el cartel reúne la consabida fórmula de éxitos de la pasada temporada, musicales (siempre agradecidos a la hora de hacer balances) y las citadas novedades de la escena malagueña. En el Teatro Cervantes, la programación presenta atractivos como La cantante calva de Ionesco, en el montaje dirigido por Natalia Menéndez y protagonizado por Adriana Ozores y Fernando Tejero (9 de enero); Caída del cielo, el rompedor espectáculo con el que la bailaora malagueña Rocío Molina rubricará su regreso al Teatro Cervantes y que constituye, de paso, la única cita de danza del festival (11 de enero); Troyanas, el clásico de Eurípides con versión de Alberto Conejero y con Aitana Sánchez-Gijón, Ernesto Alterio y Maggie Civantos en el reparto (12 y 13 de enero); Sensible, la obra de Juan Carlos Rubio que protagonizan la gran Kiti Mánver y Chevi Muraday (14 de enero); Smoking Room, traducción a la escena del film de igual título a cargo del mismo director, Roger Gual, y un poderoso reparto masculino (15 y 16 de enero); Free Bach 212, fusión musical barroca y flamenca de La Fura dels Baus (18 y 19 de enero); La comedia de las mentiras de Plauto, con el montaje protagonizado por Pepón Nieto, Paco Tous y Canco Rodríguez y estrenado con éxito en el pasado Festival de Mérida (20 y 21 de enero); Tres hermanas de Chéjov, con Ana Fernández y Raquel Pérez (23 de enero); la nueva revisión lorquiana de Así que pasen cinco años a manos de Ricardo Iniesta y Atalaya (miércoles 24); Sueños, con Juan Echanove en la piel de Quevedo (26 y 27 de febrero); y el musical Priscilla, reina del desierto (con cinco funciones del 8 al 11 de febrero). Además, el Cervantes se reserva tres estrenos de compañías malagueñas: Espejo. Capricho escénico, aproximación dramática y musical al cosmos lorquiano bajo la dirección de Javier Viana (4 de febrero); Chaquetera, innovadora propuesta de Alessandra García que tendrá lugar en los camerinos del teatro con aforos reducidos (5 de febrero); y, dentro del apartado infantil, El emocionómetro del inspector Drilo, obra con la que la compañía Acuario Teatro celebra su 40 aniversario (4 de febrero).

De los ocho estrenos anunciados ayer, siete corresponden a producciones locales74Representaciones. El festival pierde espectáculos respecto a 2016, pero gana más funciones.

Será también la escena infantil la que levante el telón del Teatro Echegaray (y del festival en general) con Alicia en el País de las Maravillas (7 de enero). A partir de aquí, destacan el estreno absoluto de Lisístrata, revisión del clásico de Aristófanes a cargo de Las Niñas de Cádiz, anteriormente conocidas (y queridas) como Las Chirigóticas (12 y 13 de enero); El guardián de los sueños, obra infantil y de títeres de Nuevo Teatro Musical y El Asteroide (14 de enero); más esencias lorquianas con Federico, en carne viva de José Moreno Arenas (17 de enero); Gente estúpida de Daniela Fejerman (18 de enero); El lunar de Lady Chatterley con Ana Fernández (19 y 20 de enero); La verdadera historia de la muerte de FF, obra creada a partir de textos de Max Aub con Javier Parra y la dirección de Ángel Calvente (24 de enero); Los fusiles de la señora Carrar, montaje de la obra de Brecht a cargo de la compañía malagueña La Imprudente (26 de enero); Shakespeare en Berlín de Chema Cardeña (27 de enero); El baile de los incoherentes de La Böhemia (31 de enero); Carpe Diem, proyecto con el que Emilio Goyanes, de Lavíebel, establece un diálogo con el público (1 de febrero); Desde el infierno de Jerónimo Cornelles (3 de febrero); y Malvados de oro, con Daniel Albaladejo (6 de febrero), entre otros.

Añadan el regreso de Hambre de David García-Intriago al Hotel Posada del Patio, las funciones de Yllana en la ESAD, la nueva edición del ciclo Anverso / Reverso dedicada a Gloria Fuertes en el Echegaray, la programación Off, presentaciones de libros y otras hierbas y tendrán un festival de teatro. O, tal vez, algo parecido.

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