Estética para el hambriento

  • El artista malagueño José Luis Bongore participa en 'Excedentes', un proyecto repartido entre Madrid y Nueva York que ubica los sobrantes de los mercados en esculturas móviles para evitar la búsqueda entre la basura

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¿Puede el arte transformar la realidad en lugar de limitarse a representarla o interpretarla? José Luis Bongore (Málaga, 1979) cree que sí. Sus proyectos rebasan con mucho lo contemplativo para hacer de la intervención la cima de lo estético. En Hola, soy europeo, ¿me das trabajo? grabó en vídeo sus experiencias mientras buscaba empleo en Senegal y su desempeño en el oficio de constructor de cayucos. En Archivo de una identidad falsificada propuso una autobiografía alternativa a través de una producción de documentos falsos, desde su partida de nacimiento hasta su licenciatura universitaria. Y en Paso hormiga se valió de los pequeños himenópteros para traspasar la frontera entre Estados Unidos y México varias veces en un solo día. Ahora, Bongore participa en Excendentes / Excess, un proyecto colectivo repartido entre Madrid (donde desde el pasado día 15 se muestra en exposición en El Ranchito, el espacio de investigación alternativa de Matadero) y Nueva York que pone el dedo en una llaga sangrante: la del desequilibrado reparto de los alimentos en las grandes ciudades.

La escena dantesca se repite cada mañana en los ámbitos urbanos. Decenas de personas buscan en los contenedores de basura cercanos a los mercados de abastos los excedentes de cada jornada para llevarse algo a la boca. La situación presentaba una materia prima nada desdeñable para una serie de artistas, filósofos e investigadores sociales reunidos en torno a la posibilidad de transformar la realidad a través del arte: entre ellos figuraban Ricardo Miranda y Brooke Singer, de Nueva York, y los españoles Bongore, Beatriz Marcos y Sissa Verde. "Nos unían ciertos puntos comunes desde los que queríamos partir: el trabajo extramuros, con significantes expuestos al aire libre; el interés por ahondar en problemáticas sociales desde prácticas artísticas; y el objetivo de entablar un diálogo fructífero con los agentes sociales", explica el mismo Bongore. Dicho y hecho. Tras la correspondiente lluvia de ideas, se decidió intervenir en el asunto mediante la creación de unas esculturas móviles, atractivas y funcionales, con la idea de que los excedentes fueran colocados en ellas y evitar así que quienes buscan los sobrantes tuvieran que acudir a los contenedores de basura. "Se trata de una cuestión de dignidad e higiene", apunta Bongore. La redacción del proyecto hace referencia directa a la animalización que implica buscar comida en la basura. La movilidad de los carritos implica que éstos pueden situarse con facilidad en el entorno de los mercados de abastos pero no necesariamente cerca de los contenedores.

La primera experiencia, desarrollada recientemente en un mercado cercano a las salas de Matadero en Madrid, prometía ser un éxito notable. "Negociamos tanto con los bedeles que habrían de colocar las esculturas en los lugares acordados como con los responsables de los mercados y todos acogieron la idea con una disposición muy buena", explica Bongore. La idea era mantener los carritos en activo y dar cuenta en El Ranchito del desarrollo del proceso mediante la exposición de imágenes ilustrativas y de los mismos carritos; a su vez, las naves de Matadero Madrid se destinaron a la celebración de debates abiertos en torno a la experiencia, mientras en Nueva York Miranda y Singer ponían en marcha actividades similares. Pero las barreras legales no tardaron en aparecer: "En España, por ley, está prohibido donar comida", recuerda Bongore. "De hecho, si hay una donación de alimentos y se produce una intoxicación, la responsabilidad directa cae en quien ha hecho la donación. Además, buscar comida en la calle puede acarrear en Madrid una multa de miles de euros", subraya el artista malagueño. Cuando todos estos obstáculos se pusieron sobre la mesa, los responsables de los mercados madrileños, como es lógico, se echaron atrás. La solución, entonces, no podía ser otra: si el impedimento es la ley, habrá que cambiar la ley.

La sección de Excedentes que impulsa el proyecto en Nueva York no tuvo que lidiar con este tipo de problemas gracias a la normativa conocida como Ley del buen samaritano, promulgada en EEUU durante el gobierno de Bill Clinton, que exime de responsabilidad directa a los donantes de alimentos en caso de intoxicación. Bongore y el resto de miembros españoles del colectivo asumieron que para que su empeño llegara a buen puerto había que modificar el marco legal en España en términos similares. Así que hace unas semanas se constituyó un grupo de investigación en la Facultad de Derecho de la Universidad Carlos III de Madrid, en colaboración con otras universidades españolas, con el fin de estudiar qué se puede hacer al respecto. "El objetivo es llevar una propuesta de ley al Congreso", indica Bongore, "y eso sólo podemos hacerlo a través de un grupo parlamentario que sea sensible a nuestra actuación o mediante una iniciativa popular para cuya tramitación es necesario recoger 500.000 firmas".

La aventura promete ser titánica, pero todos quienes se han implicado en ella están dispuestos a llegar hasta el final. Bongore ya tiene claros los pasos: "A partir de enero habrá que fijar una hoja de ruta, y lo primero que tendremos que hacer es definir la propuesta de ley que queremos presentar. Desde la Universidad Carlos III ya nos han advertido de que intentar aplicar la Ley del buen samaritano puede ser un error grave, porque la singularidad del sistema jurídico estadounidense es muy compleja. Así que nuestro grupo de investigación en la Facultad de Derecho ya está buscando otros modelos, preferiblemente europeos, que podamos emplear como base". Los Excedentes estarán expuestos en Matadero Madrid hasta abril, "y en este plazo queremos organizar un congreso en el que pongamos en común las conclusiones de Matadero y la Carlos III, con la participación de juristas y economistas, del que podría salir ya redactada la propuesta".

Bongore quiere dejar claro que Excedentes "no es un banco de alimentos ni una beneficencia. Nuestro enfoque es la libertad del sujeto: que cada cual pueda recoger la comida de donde quiera". Posiblemente, ningún otro debate sea tan urgente en la actualidad. Su órdago merece ganar el futuro.

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