Estrenos en la recámara

  • 'Attack the block', una de las últimas sensaciones del cine británico, es el último episodio de una triste serie: la que protagonizan las (muchas) películas que se distribuyen en España pero no llegan a la cartelera malagueña

Pongamos como director a Joe Cornish, que debuta como realizador en este filme pero en cuya trayectoria figura su trabajo como guionista en Las aventuras de Tintín, de Steven Spielberg. Pongamos que la película es Attack the block, un largometraje sobre invasiones extraterrestres y pandillas de adolescentes que sigue la estela de uno de los taquillazos de la temporada, Super 8, aunque en clave de suburbio periférico e igual devoción a los grandes títulos de Amblin que hizo posibles el mismo Spielberg en los 80, de E. T. a Los Goonies. Pongamos que Attack the block, que no es una producción de Hollywood, sino británica, es de hecho, y con mucho, el taquillazo del año en el Reino Unido. Pongamos también, por si los más escrupulosos siguen sin verlo claro, que la película gana el premio de la crítica y el premio del público (o sea, los dos galardones más irreconciliables por definición) en el Festival de Sitges y que no pocos próceres del cine independiente alaban el gusto comercial y artístico de la cinta. ¿Sería lógico, entonces, con todos estos ingredientes, que su estreno en España se produjera con la distribución suficiente para que llegara a la cartelera malagueña al menos una copia? Cabe responder que sí. Pero la realidad es que no. La película tuvo su estreno nacional ayer miércoles pero no puede verse en ninguna sala de toda la provincia de Málaga. Un episodio más de una serie triste que cada semana ofrece capítulos incomprensibles.

Si atendemos a ciudades, Málaga sigue siendo la sexta urbe en España en cuanto a recaudación de taquilla. En la provincia, un municipio como Marbella cuenta con tres grandes multicines, hay dos en Fuengirola y uno especialmente notable en Rincón de la Victoria. Pero semejante despliegue de público y de salas no es suficiente para evitar que casos como el de Attack the block ocurran. El goteo de estrenos guardados en la recámara a la espera de que alguna copia en circulación por los cines españoles aterrice en Málaga se traduce en una rutina desafortunada. Basta echar un vistazo sólo a las últimas semanas: tampoco se han estrenado en Málaga Restless, la última y aclamada película de Gus van Sant; la producción italiana El verano de Martino, de Massimo Natale; el documental de Martin Scorsese George Harrison. Living in the material world; la española Los muertos no se tocan, nene, basada en la novela de Rafael Azcona y dirigida por José Luis García Sánchez; y el documental también español La puerta de no retorno, de Santiago A. Zannou (el documental, por cierto, es sin duda el género más castigado por los circuitos de distribución de copias), singularmente valorado por la crítica. Más dolorosos aún son los casos de películas presentadas (y en no pocos casos premiadas) en el Festival de Cine Español de Málaga que luego no se estrenan comercialmente en la provincia, lo que pone en duda tanto la misma lógica de distribución como la eficacia del certamen a la hora de servir de trampolín a las producciones por las que apuesta. Son los casos, en las últimas semanas, de Catalunya über alles! de Ramón Termens, Arriya (La piedra) de Alberto Gorritiberea y la cubana Afinidades, de Vladimir Cruz y Jorge Perugorría. Mañana viernes se estrena Open 24h de Carles Torras, también presentada en el festival, cuya proyección tampoco tendrá hueco en Málaga.

El problema, claro, tiene su origen en la distribución nacional de las copias de cada producción, en la que cada vez participan menos manos (en Málaga, casi todas las salas se reparten entre las cadenas Yelmo Cineplex, Cinesur y Unión Cine Ciudad, con algunas excepciones como el Albéniz, de titularidad municipal y vinculado precisamente al Festival de Cine). De hecho, la única copia de Attack the block que actualmente puede verse en Andalucía se proyecta en Sevilla, desde donde, posiblemente, circule hacia otras provincias para rescates a posteriori como los que practican en Málaga el mismo Cine Albéniz y el Alameda. Con este panorama, una provincia como Málaga, con su población, sus salas y una afición articulada en decenas de pequeños cineclubes en activo en los más diversos centros culturales y en una histórica reivindicación de la Cinemateca, sale permanente castigada de la distribución.

Este panorama se mantiene mientras películas como Acero puro y Fuga de cerebros 2 pueden verse en todos los cines de la provincia (con la excepción de los citados Albéniz y Alameda) y casi siempre en más de una sala. ¿Es esta la forma más lógica de hacer taquilla? Parece que el sector de la distribución está pidiendo a gritos una reforma.

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