Eugenio Chicano, nombrado académico numerario de San Telmo

  • El pintor malagueño, miembro correspondiente de la institución desde 1976, formalizará su ingreso en los próximos días

Hay cuestiones que se dan por hechas, y mucha gente en Málaga daba por hecho que el pintor Eugenio Chicano, nacido en Málaga en 1935, reconocido con la Medalla de la Ciudad y el título de Hijo Predilecto el año pasado (después de haberlo sido con la Medalla de Oro de la Provincia) y objeto de un amplio programa de exposiciones y homenajes durante 2011 en lo que se vino a llamar el Año Chicano, era miembro de la Academia de Bellas Artes de San Telmo. Y sí, lo era; pero sólo como académico correspondiente, desde 1976, cuando residía en Verona y pasó a convertirse así en representante de la institución en Italia. Es ahora, tanto tiempo después, cuando Chicano se convierte en académico de número, lo que viene a saldar una deuda mantenida durante un plazo para cuya prolongación caben pocas excusas. Fue el pasado jueves cuando la Academia acordó con su votación el ingreso por derecho de Eugenio Chicano, que terminará de formalizarse oficialmente en los próximos días con el consecuente acto público. La llegada del pintor a San Telmo constituye otro signo del empeño de su presidente, José Manuel Cabra de Luna, en hacer de la academia un instrumento útil a la Málaga de hoy y eficazmente presente en todas sus coyunturas. En este sentido, Chicano representa a un aliado estratégico por cuanto su presencia y militancia en las más diversas organizaciones culturales, vecinales, tradicionales, académicas, artísticas y musicales de Málaga es bien conocida.

Desde su primera exposición individual en El Club de Prensa hace ahora 62 años, criado artísticamente en el entorno de la Peña Montmartre, Chicano ha dado signos de una vocación universal que se ha traducido a la vez en una acción concreta en la Málaga que le vio nacer. La adopción de motivos sociales en los años 60, unida al alumbramiento del pop en sus dominios estéticos, terminó de configurar un lenguaje pictórico que el artista ha transformado desde entonces aunque sin dejar de mantenerse fiel a estos principios. Sus años en Italia, primero en Roma y después en Verona, le permitieron afianzar sus aprendizajes y asomarse a la primera línea del arte en Europa, una proyección que cristalizó en su aportación a la Bienal de Venecia de 1982 como único agente español. En 1988 regresó a Málaga para poner en marcha la Fundación Picasso Casa Natal. El resto es un idilio que sigue sumando episodios y en el que Málaga, claro, sale ganando.

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