Eugenio Chicano une religión y pop en una "globalización ecuménica"

  • El pintor inauguró ayer en la Cofradía de Estudiantes la exposición 'Visitación del Coronado de Espinas al arte de vanguardia', que podrá verse hasta enero

Sólo Eugenio Chicano podía poner a dialogar el Santísimo Cristo Coronado de Espinas con maestros del arte del siglo XX como Picasso, Warhol, Matisse, Monet, Dalí, Gutiérrez Solana, Modigliani, Van Gogh, Miró y Hopper. Y sólo podía hacerlo él porque Chicano ha llevado en sus hombros en muchas ocasiones al Cristo y porque, como pintor, se ha nutrido de éstos y otros genios a los que llama "amigos" con ánimo devorador de eterno amateur. Por eso, la exposición Visitación del Coronado de Espinas al arte de vanguardia, que se inauguró ayer en el Museo Casa-Hermandad de la Cofradía de los Estudiantes (donde podrá verse hasta el próximo 10 de enero), tiene mucho de autobiografía en imágenes. Es Chicano el que se cuenta a través de las 54 piezas que conforman la muestra. Pero también se trata, en manos de uno de los principales introductores del lenguaje pop en el arte español, de un objeto precisamente pop: Chicano se refiere a su invento como "un maravilloso absurdo" pero también, de manera más reveladora, como una "globalización ecuménica", como una "dialéctica entre religión y cultura". Vincular en una misma obra de manera tan radical la tradición y la vanguardia, lo local y lo universal, lo atávico y lo impulsivo, lo sagrado y lo profano es, más aún que un bucle barroco, un ejercicio pop. De modo que sí, en esta exposición que seguramente pasará más desapercibida de lo que debiera está Eugenio Chicano en estado puro; lo que, tratándose de quien se trata, no es por cierto moco de pavo.

El incauto que suba a la primera planta de la Cofradía encontrará así al Coronado de Espinas según la representación que acuñó Chicano para el cartel de la Semana Santa de 2003 "entronizado", tal y como expresa el autor, en un puñado de obras imprescindibles: El eco de Georges Braque, Naturaleza muerta de Paul Cezanne, La fábrica de Horta d'Ebre de Pablo Picasso, Mata mua de Paul Gauguin, Colgonde de Magritte, Lujuria de Antonio Saura, El grito de Munch, Paisaje de Modigliani, Die synagoge de Max Beckman, Over the town de Marc Chagall, Chop suey de Edward Hopper, Lata de sopa Campbell de Andy Warhol, A bigger splash de David Hockney, La noche estrellada de Van Gogh, La persistencia de la memoria de Dalí, Los constructores de Fernand Leger, Estación de St. Lazart de Monet, Naturaleza muerta con frutero y mandolina de Juan Gris, Farm Garden sunflowers de Klimt y El somriure de les ales flamenjants de Miró, entre otras muchas. El Cristo, además, dialoga con tres obras de Eugenio Chicano: Los cuatro jinetes del Apocalipsis, Procesión en calle Carretería y El copo. Comparecen aquí, por tanto, el Chicano cartelista (el mismo que ha dotado a la Semana Santa de Málaga de buena parte de su imaginería promocional), el pintor, el investigador y sobre todo el más libre; el que, en sus últimas series de Visitaciones, tal como es el caso, habla de tú a sus inspiradores para intentar desentrañar aún más su misterio. La inspiración divina y la que procuran las musas confluyen aquí en igualdad de condiciones, gracias a la técnica de la impresión digital que Chicano ha cultivado con la colaboración del Centro de Tecnología de la Imagen de la Universidad de Málaga.

"Se trata de salir del trantrán de la bola de cera y de las cosas medianas de la Semana Santa", dice Chicano. A la vanguardia tampoco le viene mal este baño de realidad. Hacía falta.

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