Excelente ejemplo de dedicación

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Lo queramos o no, día a día se constata que los actuales vientos corren fríos para el mundo de la cultura en general, y de la música en particular. Pese a todo, es digno comprobar que siguen existiendo propuestas que luchan contra viento y marea aportando momentos de calidez al panorama actual. Fruto de este interés, resulta llamativo que la Asociación de Amigos de la Ópera de Ronda siga apostando por la música culta realizando actividades interesantes como el Ciclo Francisco Guerrero en su tercera edición. Indudablemente, una clara apuesta por el fomento de nuestro arte y de crear una sólida base de aficionados más que nunca necesaria.

Pese al frío propio de la época, y más en la ciudad del Tajo, la velada de clausura del pasado domingo encendió la llama cálida de un acto bien diseñado y organizado en torno a la música antigua de Händel, y que vino avalado desde el comienzo por la maestría y el buen entendimiento de Raúl Mallavibarrena. Recordemos que tiempo atrás (en verano de 2006), este periódico se hizo eco de las grabaciones que este profesor ovetense estuvo realizando sobre el polifonista sevillano Francisco Guerrero; ahora nos demostró su buen hacer en el directo de una actuación planteada sobre arias y oberturas de las no tan conocidas óperas y oratorios handelianos. En este sentido, fueron muy loables tanto sus notables intervenciones y apreciaciones didácticas, que procuró a lo largo de toda la sesión, como su dirección certera y exquisita predisposición al fraseo integral de cada obra, con el mantenimiento de las expectativas hasta el propio final de las mismas.

Otro de los puntos determinantes de la sesión fue Soledad Cardoso. La soprano argentina, poseedora de una extenso currículo, se presentó como valedora de una incipiente carrera dentro de la música antigua. Su voz de excelente proyección en los registros agudos y ágil en las controvertidas coloraturas se desplegó con fuerza durante su actuación.

Los bellos giros proporcionados por el tiorbista Miguel Rincón, en combinación con la certera traducción de Carlos González al violonchelo, complementaron la cercanía al público de Cardoso en O liberty, la conmovedora aria de la mujer israelí de la primer parte del oratorio Judas Macabeo.

Pero el punto determinante llegó con Piangero la sorte, aria de Cleopatra durante la escena primera del acto tercero de la ópera en tres actos Giulio Cesare in Egitto, la cual quedó acreditada con la interesante contextualización del personaje y una expresividad excelsa potenciada. Su óptimo control aéreo y técnica vocal, con una messa di voce a todas luces interesante, se conjuntó en igual mérito con Mallavibarrena en la buena conducción del tempo en las dos partes contrastantes.

Finalizó el concierto con la famosa aria Lascia ch'io pianga de la ópera Rinaldo, en bella propuesta de adornos en el da capo, con los numerosos aplausos del público asistente y con toda mi admiración por conseguir propuestas musicales de este tipo. Enhorabuena.

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