firmado: mister j.

Fantasías fangosas

  • Planeta traduce los tomos de 'Creepy' y 'Eerie' compilados por Dark Horse: tebeos que entusiasmaron a varias generaciones de lectores y que resisten el paso del tiempo

Cuando en 1966 el empresario Jim Warren decidió publicar Eerie para acompañar en los anaqueles a la ya exitosa Creepy y hacerse competencia a sí mismo, quedaba bastante claro que las cosas habían cambiado de manera radical en apenas una década, desde los infames tiempos de los juicios por corrupción de menores, la censura y el cierre tácitamente forzado de las cabeceras de la EC Comics. Johnny Craig, Reed Crandall, Joe Orlando, John Severin, Angelo Torres, Alex Toth, Al Williamson, Wally Wood, todos habían formado parte, en mayor o menor medida de los títulos de Entertaining Comics editados hasta mediados de la década de 1950 por el vilipendiado William Gaines, y estaba escrito que todo ese talento desperdigado debía volver a reunirse antes o después.

Creepy y Eerie fueron sucedáneos de Tales of the Crypt, The Vault of Horror o The Haunt of Fear, menos escabrosos, menos persistentes a nivel literario, menos significativos y mucho menos transgresores, pero igualmente divertidos, cafres y excelentes en el nivel gráfico, editados como estaban en blanco y negro, con mejor papel, mayor formato y unas portadas de atractivo sobresaliente, entre las que destacan esas maravillas de Frank Frazetta que forman parte ya de la cultura popular estadounidense; por cierto que Frazetta también había trabajado para la EC. Jim Warren no contó en sus productos con editores de la altura de Al Feldstein ni Harvey Kurtzman y esto, claro está, se nota, pero sí trabajó con Archie Goodwin, llamado a hacerse un nombre entre los mejores editores del mainstream estadounidense, especialmente en el ramo de los superhéroes, respetado y amado sin paliativos por los profesionales del medio. A la nómina de autores ya citada, se unieron a las cabeceras de Warren otras figuras como Steve Ditko, Gray Morrow y Neal Adams, el dibujante más de moda en su época, influyente como pocos, y el que cargó sobre sus espaldas la transición de la llamada Edad de Plata del cómic-book a la Edad de Bronce, caracterizada por su mayor realismo, un tono más oscuro y cierta preocupación por las cuestiones sociales. Otro nombre que enriqueció el aspecto de las páginas de Creepy y Eerie fue el recientemente fallecido Gene Colan, que había realizado una única historieta para la EC, concretamente en Two-Fisted Tales.

Más allá de la comparación, las cabeceras de Warren se sostienen por sí solas como referentes de su época, como tebeos icónicos que entusiasmaron a varias generaciones de lectores y que resisten el paso del tiempo sin perder la sencillez y la frescura que los convirtieron en un éxito, fundamentados en el trabajo gráfico de una serie de dibujantes portentosos. La prueba de que estos creadores siguen cercanos a los gustos de los lectores actuales es esta lujosa biblioteca de Planeta, que traduce los tomos compilados por Dark Horse. La reedición de Creepy va ya por el octavo tomo, y de Eerie se anuncia el tercero.

Con todo, no deja de resultar curioso, que a diferencia del cine de terror, que evolucionó desde las fantasías de la Universal de la década de 1930, esteticistas y llenas de mensajes encriptados al despiporre explícito y el gore de los 60 y 70, el tebeo de terror estadounidense sufrió una involución en cuanto a la fiereza de sus contenidos y viajó de lo crudo a lo esteticista. En estos hermosos tomos de Planeta pueden ustedes disfrutar de la segunda parte del enunciado.

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