Otra Feria del Libro para conformarse

  • La congelación presupuestaria y el escaso apoyo institucional condenan al encuentro del Palmeral a un estancamiento a pesar del aumento de ventas y afluencia del año pasado

No deja de tener un regusto cínico el lamento por los pobres fastos con los que las grandes instituciones públicas y culturales españolas conmemoran el cuarto centenario de la muerte de Cervantes cuando la mayor pobreza acontece en casa. La Feria del Libro de Málaga, una de las más veteranas del país, celebrará su edición número 46 desde el próximo viernes 29 hasta el 8 de mayo en el Palmeral de las Sorpresas, donde, tras el pregón inaugural de la escritora Herminia Luque, acontecerá el menú de costumbre, con firmas y presentaciones a cargo de autores (algunos, pocos, de cierto postín) y poco más. Semejante panorama, digno de una obra de Beckett, no merecería más apuntes si no se diesen dos circunstancias: la primera es que, el año pasado, la Feria del Libro de Málaga cerró con un aumento de ventas del 15% y una mayor afluencia (en un crecimiento proporcional) respecto a la edición de 2014. Y la segunda es que la renovada directiva de la Asociación de la Feria del Libro, con Miguel Ángel Díaz (responsable de Comic Stores) a la cabeza, anunció justo en mayo de 2015 la puesta en marcha de un amplio proceso de renovación para convertir el encuentro en la Feria del Libro que una ciudad como Málaga merece. Entre las ideas más ambiciosas figuraba la internacionalización del proyecto, de manera que cada edición estuviera dedicada a un país concreto con la visita de escritores del mismo, una interesante medida destinada a abrir puertas a necesarios intercambios culturales (y con el Mediterráneo como marco esencial). Pero la remesa de propuestas incluían otras muchas, de las que se dio cuenta también en su momento, menos espectaculares pero igualmente interesantes, como la organización de conciertos, funciones de teatro, exposiciones, encuentros con lectores mucho más dinámicos que el consabido formato de presentación y otras actividades. El 2016 parecía el año idóneo para poner a prueba el modelo por aquello de la confluencia shakespeareana y cervantina. Sin embargo, finalmente, de todo este listado de apuestas lo que tendrá finalmente materialización es prácticamente igual a cero. Casi nada. Y esto se debe a que las instituciones implicadas (el Ayuntamiento, la Diputación y la Junta de Andalucía) se han negado a ampliar el presupuesto, que se mantiene en los 40.000 euros de los últimos años (únicamente el Consistorio ha accedido a una mínima ampliación de la partida, igualmente insuficiente), cantidad sonrojante si se compara con otras Ferias del Libro de grandes capitales, únicamente en Andalucía. Tampoco en la elaboración de los programas y aportaciones se han mostrado las mismas instituciones dispuestas a mostrar un pelín más de originalidad. De manera que tenemos en Málaga, otra vez (y van...), una Feria del Libro para conformarse.

Esto no quiere decir que el certamen carezca de atractivos. Pero sí que los atractivos son más o menos los de siempre, y cualquier empresa está destinada a venirse abajo si no se le insufla oxígeno de vez en cuando. Quizá la mayor novedad es el mapa gigante que el Centro Andaluz de las Letras (CAL) instalará en las confluencias de los Muelles 1 y 2, junto al Centro Pompidou, con la señalización de los lugares cervantinos y quijotescos localizados en Andalucía. En cuanto a autores, destaca la llegada de Ricardo Menéndez Salmón (que presentará El sistema, novela con la que ganó el último Premio Biblioteca Breve) invitado por la Red de Bibliotecas del Ayuntamiento; la presencia de Luis García Montero (que hará lo propio con su Balada en la muerte de la poesía) de la mano del Centro Cultural de la Generación del 27; y la comparecencia de escritores como Jesús Carrasco (con La tierra que pisamos) e Isaac Rosa (con Aquí vivió. Historia de un desahucio) por parte del CAL.

Eso sí, el aumento de ventas del año pasado ha animado a algunas librerías, como la de la Fnac, a incorporarse después de algunos años de ausencia; aunque otros establecimientos importantes como la Casa del Libro han decidido no concurrir, lo que resulta harto significativo. Una Feria del Libro con 23 stands, en todo caso, no habla muy bien de Málaga. Lástima.

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