Festejar en tiempos revueltos

  • Los Goya llegan este año con 'Celda 211' como gran favorita con sus 16 candidaturas, y tras las polémicas entre el Gobierno, Bruselas, un sector de los profesionales y los internautas.

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Cuando el año pasado por estas fechas el autor de estas líneas reflexionaba sobre los hipotéticos Goya de 2009 (que son en realidad los que se otorgan esta noche) decía que se animarían por un duelo algo clásico ya como el que protagonizarían Almodóvar, Coixet y Amenábar, que tenían filme en el horno. Al final, y posiblemente una vez más, el resbaloso oficio de orate periodístico ha quedado en entredicho. Pues nadie podía suponer que hasta los grandes del cine español iban a pinchar tan estrepitosamente. En el caso del manchego por fin alguien empezó a decir que el emperador iba desnudo, pues Los abrazos rotos esta vez no convenció. Parece que Almodóvar se lo ha tomado mejor y no ha protagonizado las pataletas de otros años. Al menos, salva la honrilla con cuatro nominaciones, entre ellas las de guión original y la inevitable para Penélope Cruz, aunque ésta tiene una fuerte rival en la Lola Dueñas de Yo, también. Peor le ha ido a la Coixet, cuya inverosímil Mapa de los sonidos de Tokio sólo ha merecido una nominación que parece un sarcasmo de la Academia dada la temática de la película: la de sonido.

Estas ausencias le vienen bien a la credibilidad de los premios, al demostrar tener reflejos para desechar malas películas por muy influyentes que sean los apellidos que hay tras ellas. Pero en su forma de complementar las candidaturas se echa de menos el valor de las dos últimas ediciones, al premiar dos películas tan difíciles como La soledad y Camino. El buen resultado de taquilla de Ágora, parejo a su escepticismo ante el público (¿alguien conoce a alguien a quien de verdad le gustara?) le han permitido llegar a la final con 13 candidaturas, pero es chocante y facilón el doblete de El secreto de sus ojos en mejor película y mejor hispanoamericana. Aunque esto hay que apuntarlo en el debe de las habituales candidaturas incomprensibles de todos los años, como actores revelación con brillantes carreras teatrales y televisivas (Fernando Albizu y ¡Soledad Villamil!, habitual desde hace años en los repartos de Campanella) o la unión en una sola candidatura de dos cintas distintas como son los documentales sobre Fraga y Carrillo de López-Linares. Algo que deja en entredicho el rigor y el conocimiento de los votantes.

Como tampoco parece que El baile de la Victoria, otro filme que ha levantado unánime escepticismo, tenga opciones, el camino parece libre para el triunfo de la gran revelación de 2009, Celda 211. Con sus 16 candidaturas, ha unido aplauso crítico y una taquilla que la ha tenido tres meses entre las diez más vistas de cada semana. Es la típica película que genera consenso. Pero esta excelente película debería haber estado mejor arropada. Podían haber rematado la faena promocionando la divertidísima Pagafantas, que demostró el pasado verano que otro forma de hacer comedia en España era posible, o Gordos. Por no hablar de propuestas más radicales como Petit indie o la olvidada Los condenados, en la que la prodigiosa confesión de Bárbara Lennie en un largo primer plano hubiese merecido un reconocimiento.

Pero, independientemente de quien gane o no, de ausencias y presencias, la de hoy es la noche de la fiesta del cine español. ¿Tiene algo que celebrar? Sí y no. Por un lado, ha sido un magnífico otoño en la taquilla, con Ágora, Celda 211, REC 2, Spanish Movie o la previsible ganadora en la categoría de animación, Planet 51. Pero estructuralmente sigue siendo mejor guardar el cava. 2009 fue un año revuelto, a pesar de que una persona procedente del propio sector, Ángeles González-Sinde, fue nombrada ministra de Cultura. Las polémicas sobre las descargas en internet (que por otra parte funcionan muy bien como chivo expiatorio), la esperada Ley del Cine que puso a un sector de los profesionales frente al Gobierno, los problemas con la normativa comunitaria en Bruselas, demuestran que aún queda mucho camino. Veremos si en la gala de esta noche el gremio, que llega dividido, usa los Goya para las habituales reivindicaciones en este sentido o si deciden aparcarlas para festejar lo que importa: el trabajo de un excelente grupo de profesionales que sigue creyendo en que merece la pena luchar por el cine español. Menos mal que Andreu Buenafuente estará al timón de la gala para pilotarla con su arte si alguien se sale de malamadre.

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