El Festival de Cine prescinde de su director ejecutivo en plena crisis

  • Tras una primera revocación de poderes, Franjo Parejo fue depuesto de su cargo por "razones de reestructuración de personal y oficinas", según Carmelo Romero

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La crisis económica sigue contando sus víctimas en la gestión cultural malagueña, aunque algunos casos resultan significativos y encierran mucho contenido detrás. Lo que venía siendo un rumor se confirmó ayer definitivamente: el Festival de Cine Español de Málaga ha decidido prescindir de su director ejecutivo, Franjo Parejo. Tras una primera revocación de poderes, la decisión definitiva le fue comunicada a Parejo (quien atesoraba ya una amplia experiencia en el certamen después de una larga trayectoria dedicada a la producción y gestión en cine y artes escénicas) hace un par de días no sin cierta polémica: las oficinas del Cine Albéniz han estado cerradas desde entonces y el clima en el entorno del festival, según fuentes cercanas, ha sido especialmente enrarecido. Ayer, el director general del certamen, Carmelo Romero, confirmó al fin, de manera muy concisa, que Parejo había sido depuesto de su cargo por "razones de reestructuración de personal y de oficinas". No obstante, la noticia parece significar mucho más por dos motivos: el primero es que el contrato del propio Carmelo Romero (quien ayer se encontraba en su despacho malagueño comprobando unos presupuestos) termina este mismo mes de junio; el segundo es la difícil coyuntura económica que atraviesa el festival, cuyo presupuesto para la pasada edición fue un 20% inferior al de la anterior (con un total de 2'1 millones de euros) y que afronta una dificultad manifiesta para hacerse cargo del pago de servicios así como del mantenimiento de actividades y equipamientos.

En este sentido, la gestión del Cine Albéniz, que tras su rehabilitación pasó a depender al cien por cien del Festival de Cine, se ha convertido en un quebradero de cabeza para la dirección del certamen, que ha decidido poner en marcha o acoger otros proyectos distintos a los cinematográficos (el último es el ciclo de conciertos de jazz y otras músicas que se celebrará ya a partir de este mes en el Castillo de Gibralfaro, y que recoge el testigo de otras propuestas similares dedicadas al flamenco o el malogrado Waupop) para alimentar un tanto la rentabilidad. La recuperación de las proyecciones en versión original subtitulada no ha tenido así por parte del público malagueño la respuesta esperada , a pesar de los beneficios derivados de la asociación a la cadena Europa Cinemas, que fomenta este formato con incentivos económicos. En este panorama, resulta casi cínico que el festival rechazara el año pasado una oferta de la empresa Arte 7, en la que participa Antonio Banderas, para hacerse cargo del cine con coste cero.

En cuanto a los impagos, si bien es cierto que el certamen anunció recientemente que se liquidaría "en breve" parte de la deuda pendiente con trabajadores del Teatro Cervantes y otros contratados temporalmente en ediciones anteriores (satisfacción aún no consumada), el trabajo que queda aquí por hacer es mucho. Así, todavía esperan cobrar proveedores y empresas como el estudio de diseño gráfico malagueño Takeone, que se encargó del cartel y de toda la página web en la edición de 2010. También esperan su retribución algunos premiados en ediciones pasadas. Una situación delicada que ya tiene nombres y apellidos.

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