Folclórica y rebelde, la mujer andaluza en el cine

  • María Jesús Ruiz e Inmaculada Sánchez recorren el cine producido en España para diseccionar el retrato de los personajes femeninos andaluces desde los años 20

Cuando surgió el cine, los teatros musicales, la copla y los toros eran los productos culturales más exitosos en la España de los 20. Por ello, el celuloide se apropió de sus códigos para atraer al público y las películas se llenaron de batas de cola, volantes, gracejo y acento andaluz. Desde entonces, se ha repetido tanto el estereotipo de mujer andaluza que ha calado enormemente en el imaginario colectivo. Ésta es una de las conclusiones del trabajo que han realizado las autoras María Jesús Ruiz e Inmaculada Sánchez y que ha publicado el Centro de Estudios Andaluces de la Junta.

La imagen de la mujer andaluza en el cine español hace un recorrido por 90 años de producción audiovisual para diseccionar el retrato que se ha hecho de los personajes femeninos en las distintas épocas, en las que ha predominado una mujer entre folclórica y rebelde.

Para las autoras del libro los roles actuales siguen "las mismas pautas" que ya iniciaron en los años 30. "Se trata de personajes atractivos, con una actitud resuelta, dicharachera, con energía, pero nunca tomados en serio, por lo que no resultan eficaces para resolver problemas", explica Inmaculada Sánchez, que añade que estas mujeres se dejan llevar, normalmente, "por la frivolidad". La definición psicológica de María Barranco en Mujeres al borde de un ataque de nervios es prácticamente la misma que la de Imperio Argentina en, por ejemplo, 'Morena Clara'.

A finales de los años 20, se utilizan grandes estrellas de la copla, que tenían una enorme aceptación por parte del público, para protagonizar estas películas. La actriz interpretaba su propia historia, era una chica de clase baja que conseguía el éxito gracias a su talento. "Representaban a mujeres evolucionadas que finalmente respetaban mucho las normas morales y terminaban acatando los valores dominantes masculinos", comenta Inmaculada Sánchez.

Lo que comenzó como un mecanismo comercial antes de la guerra, en el franquismo se convirtió en un mecanismo ideológico, "había que crear consenso en una España dividida y el elemento que se identificaban con lo exótico, con lo no problemático, era el andaluz", argumenta la profesora de la UMA. Ya en la Transición, se siguen haciendo referencias a estos elementos folclóricos, aunque sea desde un punto de vista crítico, como lo pudo hacer Pedro Almodóvar.

"Siempre se ha dado una imagen muy limitada de la mujer, muy poco matizada, que se identificaba por sus rasgos externos y no internos", asegura la autora. Por ello, la película Solas, de Benito Zambrano supuso una ruptura. En ella, sus "personajes femeninos se identifican por sus conflictos, sus dramas, y no por su definición estereotipada", añade.

Según las responsables del estudio, el reflejo de la mujer andaluza -en muchas ocasiones se ha dado una imagen peyorativa en la que el acento andaluz se asocia con clase baja- pierde continuidad a partir de mediados de los 90. "Sobre todo, porque se hace un cine casi sin referencias a la realidad", subraya Sánchez, aunque el que existe muestra a una mujer "más libre, con más capacidad de reacción".

Con esta revisión global "hemos visto que la construcción de un imaginario social a través del cine ha funcionado de una manera muy eficaz y, por ello, ha permanecido generación tras generación", añade Sánchez, que se plantea "hasta qué punto nos hemos visto condicionados por la imagen que se ha dado de nosotros". Y es que, como aseguran las autoras del libro, "la cultura popular nos configura como individuo".

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