Frank Auerbach: el arte o la vida

  • El Museo Picasso acoge mañana la proyección del documental que dedicó Hannah Rothschild al genio de la Escuela de Londres en 2002, además de otro filme sobre la pintora Paula Rego

Cada mañana, a sus 86 años, Frank Auerbach (Berlín, 1931) se mete en su estudio y trabaja sobre los lienzos, a menudo enormes, que maneja sin más ayuda de cámara que la que le prestan sus modelos cuando no hay más remedio. El pintor, nacionalizado británico en 1947, es junto a Francis Bacon y Lucien Freud uno de los artistas emblemáticos de lo que se vino a llamar la Escuela de Londres, y como tal ocupa un espacio protagonista en la exposición que el Museo Picasso dedica a la misma, visitable aún hasta el próximo 17 de septiembre. Precisamente, Auerbach ha representado, más allá del limitado título de la exhibición, uno de los hallazgos más felices de la misma gracias a los cuadros cedidos ad hoc por la Tate London. Sus retratos, siempre oscilantes entre lo escultórico y lo efímero, dotados de una rara exultación tridimensional y ampliamente misteriosos por cuanto callan (los personajes retratados por Auerbach, incluido él mismo en sus autorretratos, son más por lo que el artista oculta que por lo que muestra), responden a una inquietud poética que se corresponde, en grado pionero, con lo que Anne Carson vino a llamar decreación; pero, más aún, con una noción titánica del trabajo que vuelve continuamente y sin remisión a la pintura como medio para significar. Muy a pesar de lo que sus obras son capaces de decir por sí mismas, el museo ha decidido echar más leña al fuego y proyectará mañana viernes en los jardines del Palacio de Buenavista, dentro de su Cine de Verano, el documental Frank Auerbach: to the studio, que dirigió en 2002 para la BBC la realizadora y escritora Hannah Rothschild como aproximación fundamental al genio. Lo hará a las 22:00 en un programa doble que incluirá igualmente la proyección de otro documental, Paula Rego: telling tales, dedicado a la pintora también vinculada a la Escuela de Londres. El acceso a estos pases es gratuito, aunque el centro ofrece la posibilidad de realizar previamente (a las 21:00) una visita guiada por la muestra Bacon, Freud y la Escuela de Londres por 7 euros.

Auerbach llegó con su familia a Inglaterra poco antes de cumplir 8 años como refugiado huido de los nazis. Se instaló en Londres en 1947, donde ha fijado siempre su residencia desde entonces y donde recibió sus primeras clases de pintura, al igual que otros compañeros de generación, de la mano de David Bomberg. Pronto se hizo amigo de Leon Kossoff, también vinculado a la Escuela de Londres e igualmente representado con varias obras en la exposición del Museo Picasso. Ambos compartieron pronto preocupaciones estéticas a la hora de representar el mundo. En una ocasión, Auerbach, poco dado a entrevistas, dio a conocer su particular impresión respecto a su oficio: "Cuando voy a pintar un cuadro quiero que todo funcione: cada fuerza, cada plano, cada dirección relacionada con cualquier otra. No hay paracaídas ni correcciones. Estoy convencido de que si la pintura va a funcionar, necesariamente debe hacerlo antes de que puedas verla". En virtud de este credo, Auerbach afirma que nunca visualiza en su imaginación una pintura antes de ponerse manos a la obra. Sus retratos (a modo de máscaras que dan cuenta de la influencia que el teatro ejerce en Auerbach, quien llegó a trabajar como actor en su juventud) parecen emerger así entre la gruesa superficie que deposita en el lienzo, en una impresión de espontaneidad; sin embargo, el empeño perfeccionista del pintor le lleva a producir hasta doscientas versiones de un mismo trabajo, entre las que escoge la definitiva.

El pasado junio, el Museo Picasso recibió a una de las mayores expertas en la obra de Auerbach, la historiadora y comisaria de exposiciones Catherine Lampert, quien pronunció una conferencia sobre su relación con los artistas de la Escuela de Londres. Desde 1978, cada viernes a las 17:00, llueve, truene o salga el sol, Lampert posa como modelo para Auerbach, así que pocos como ella conocen tan a fondo su cocina. Al referirse tanto a Auerbach como a Bacon, Freud y el resto de compadres, Lampert afirmó entonces: "La verdadera temática de estos artistas no es lo figurativo, sino su propia experiencia del mundo. Eso se tradujo en los retratos de personajes que conocían, en el uso de fotografías que representaban elementos de esa experiencia vivida, una atención puesta siempre en lo más cercano, en los escenarios urbanos donde se movían. Auerbach lo explicó muy bien al referirse a la vida misma como un 'fertilizante para el arte'. Pero su objetivo no era representar la realidad a través de la figura, sino desarrollar una nueva forma de mirar el mundo". A mayor gloria del fertilizante, Auerbach no distingue entre arte y vida: cada mañana, en su estudio, la frontera se esfuma.

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