García Abril 'in aeternam'

  • Málaga contó nuevamente con la presencia del maestro Abril y con una segunda audición de su obra 'Memorandum' en la batuta experta de Gómez Martínez

¿Málaga 2016? Sí, por supuesto. Pero cuidado con detalles que pueden herir la sensibilidad de todo lector y más la de este cronista.

Todo empezó cuando uno descubre que al solista de esta noche, el pianista Marián Lapsanksy lo transforman en mujer (véase la página web oficial del Teatro Cervantes), lo convierten en soprano (en el portal de las artes escénicas de la red española) o incluso peor aún, lo citan con el término soprano con mala ortografía (por desgracia, en la página oficial de Málaga 2016). Parecen detalles insignificantes y que te hacen pensar en una broma de mal gusto o algún tipo de pesadilla cíclica; pero por favor, hay que practicar con el ejemplo: cultura con cultura.

Salvadas estas nubes bochornosas, la velada de anoche se presentó aceptable en términos generales. Regresó el maestro Gómez Martínez a la batuta después de su último concierto en octubre de 2004. En su día dirigió a Turina, en esta ocasión se dedicó a Memorandum de García Abril.

Comenzó el primer tiempo, tras la cálida mirada de cariño del director a su madre, con un primer tiempo algo brusco en los fuertes y con un tempo rezagado por parte de la cuerda en los primeros momentos. Sin embargo, la pureza elegíaca de un emocionante segundo tiempo, nos reportó más sobre las maravillas del compositor. Y es que la excelente intervención del solista de flauta a la par de un sabio entendimiento de la dinámica realzó con especial atención el sublime piano del final.

Ciertamente es la segunda vez que se escucha la obra desde su estreno en Madrid de la mano de la misma batuta. Por ello fue todo un honor contar con ambos para esta ejecución que terminó con un enérgico tercer tiempo. La verdad es que Málaga no puede dejar pasar la oportunidad de descubrir y redescubrir la precisa maquinaria que encierra las partituras del maestro, máxime cuando muestra su interés por venir a la ciudad y de incluso estrenar en ella (recuérdese el nacimiento de Alba de los caminos con la pianista e investigadora Paula Coronas).

En otro término, el concierto prosiguió con la famoso Concierto en la menor para piano y orquesta, op. 16 de Grieg en la ejecución del pianista (masculino singular) Marián Lapsansky. La partitura posee una suerte de guiños entremezclados entre su carácter alemán del tiempo primero y los regustos folclóricos de los dos restantes. Y si se estudia la obra con detenimiento se pueden observar similitudes en rítmica y melodía con las danzas típicas y con el curioso Hardingfele o violín noruego en las disposiciones armónicas. Elementos que por desgracia no se llegaron a apreciar con la propiedad que se merece. Por ello, el solista desarrolló la obra en discurso plano, insulso y sin llegar a destacar notablemente. Su confuso desarrollo melódico deslució la cadenza del primer tiempo y no aportó nada interesante con el resto.

Así hablaba Zarathustra, op. 30 de R. Strauss fue la pieza que equilibró la balanza de la sesión. La conjunción orquestal quedó compacta y matizada en comparación con lo anteriormente ofrecido, junto a una buena intervención de Sestakova en El canto de la danza.

Finalmente, debemos felicitar a Manuel del Campo por sus acertados apuntes en el programa sobre la creación y evolución de la Sociedad de Conciertos de Madrid.

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