George Clooney aspira a la reválida con 'Los descendientes'

  • Llega a la cartelera la cinta de Alexander Payne, gran triunfadora en los Globos de Oro

Muy pocos ven en George Clooney al estándar de gran actor. Los personajes a los que da vida son tan insulsos que parecen dispuestos a sulfurarse si se les cuenta un chiste y a reír a carcajadas si les das una paliza. Y el culpable, pese a que muchos de sus proyectos dan para tirarle a un pozo, no es Clooney, más bien es el sensacionalismo estadounidense, el cual no lo acaba de encasillar, y además le acusan de expresivo y le comparan con el mismísimo Cary Grant. Para unos, estar arrinconado en un género concreto resulta un inconveniente (véase a Morgan Freeman y sus detectivescas La hora de la araña y El coleccionista de amantes) y para otros, como sería el caso de Sylvester Stallone, es puro despiporre. Clooney gusta (y mucho) al público, ya sea a la hora de idealizar al playboy moderno o saciar a la prensa. Sin embargo, vemos a ese Hugh Hefner del siglo XXI merodeándose con la misma expresividad en todas sus películas, y en Hollywood, pese a que siempre reine lo comercial, es un inconveniente nacer con una sola cara. De ahí a que su amistad con Steven Soderberg le haya dado la mayor parte de sus ingresos (no recordemos su etapa coeniana), y no han sido precisamente por los proyectos más brillantes del director.

Los descendientes, cinta que llega hoy a los cines españoles con el Globo de Oro a la mejor película dramática bajo el brazo, hace justicia a George Clooney tal y como se merece, y puede que no llegue a encasillarlo, pero realiza la compleja labor de sumergir a este millonetis bajo su propio mundo, y mostrárnoslo como lo que realmente es: un ser humano, débil a las verdades y a las mentiras, que arrastra un ego vapuleado por la vida y un orgullo que siempre desea ir hacia delante sin la necesidad de arrastrarse para ello. Si tenemos que remover la filmografía de Clooney buscando su gran película, que nadie se vaya demasiado lejos, porque la obra de Alexander Payne rompe los esquemas del cine que hoy en dia podemos llegar a presenciar.

Payne siempre le ha entregado al público una historia de éxitos y fracasos en la vida, tal y como vimos en la excelentísima Entre Copas , y con ellas permite al espectador regocijarse del caldo de problemas de sus personajes, pero cuando observamos como éstos serían capaces de meterse una bala en el cráneo, entendemos que lo que estamos viendo ya no es una simple imágen, sino un espejo. Y a los sabios toca recurrir cuando nos divertimos viendo un retrato en el cual nos han calado por completo. ¿Qué harías si todo te saliese mal? Aquí, Payne nos lo muestra con una comedia sincera, real; capaz de buscar el entretenimiento donde sobran las palabras. Cuando nosotros reprimiríamos la rabia a niveles imposibles, Clooney se alza por encima de su propia existencia, y estalla.

Los descendientes es una de las películas más alejadas a la ficción que se han rodado en lo que llevamos de siglo, y si no lo es del todo es porque Payne es capaz de jugar con las emociones del espectador, y nos entrega un final donde todo el mundo puede irse a casa sin perder el sueño. Al fin y al cabo, el objetivo de un director es conseguir que el público se olvide de sus problemas durante dos horas, y con su nueva película, Alexander Payne lo logra sin desviarse por el camino, y el Hawai que nos muestra es un lugar apacible, en el cual la catástrofe no es la más violenta de las tormentas, sino la pérdida del control de nuestras vidas. Al final, acabaríamos por darle una palmada en el hombro a Clooney, como nos gustaría que nos diesen a nosotros.

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