Gorogó el confidente

  • Ana María Matute se relaja tras su discurso, especialmente aplaudido por la escritoras presentes en el acto.

La entrega del Premio Cervantes siempre suscita emociones, pero hoy Ana María Matute elevó el listón, porque todos los asistentes estaban felices de que, por fin, se haya premiado a la gran dama de las letras españolas, que se sentía muy feliz y relajada tras la lectura de su discurso. "No puedo separar la literatura de mi vida", aseguraba Matute durante el cóctel que hubo tras la ceremonia, y en el que, sentada tranquilamente en su silla de ruedas, no paró de recibir felicitaciones y abrazos. Las primeras fueron las de los reyes nada más acabar el solemne acto.

Esta noche la escritora le contará a su muñeco Gorogó, ése que le regaló su padre cuando tenía cinco años, lo sucedido hoy, el día "más importante" de su vida, pero se lo inventará "todo", como hace siempre. "Esa es la única verdad de mi vida".

Pasados ya los nervios de la ceremonia, la escritora reconocía que le había emocionado de su discurso "el tener que echar la vista atrás" y el recordar cuando, con menos de veinte años, fue a Destino a llevar su primera novela, escrita "a mano". Iba vestida con calcetines, la moda de entonces, y aún resultaba más aniñada de lo que era en realidad.

Los reyes estuvieron especialmente cariñosos con ella (en algún momento se les vio a ambos empujando la silla de ruedas de la escritora) y, según contó Matute, le dijeron "muchas cosas". "Han sido muy amables y simpáticos. Él es un hombre maravilloso, y la reina me ha pedido una copia de mi discurso".

La ministra de Cultura, Ángeles González Sinde, cuyo discurso fue muy elogiado por algunos asistentes, confesaba que anoche no sabía cómo acortarlo, y para colmo cometió "un error", porque se fue a la cama con los cuentos completos de Matute y, cuando leyó el de Cuadernos para cuentas, pensó: "¿pero qué discurso he hecho yo? El mío no expresa ni la mínima parte de la escritura de Ana María. No he pegado ojo porque ya no tenía arreglo".

De los cuentos de la escritora catalana, a González Sinde le gustan especialmente uno titulado La razón, y también le encanta Cuaderno para cuentas. "Ahora estoy muy emborrachada de Matute, porque llevo semanas leyendo sus obras", afirmó. Como guionista de cine que es, se extrañó de que apenas se hayan llevado al cine obras de la escritora. "Olvidado rey Gudú sería una serie de animación fantástica, que, además, es un sector que genera empleo y riqueza", dijo entre risas la ministra, que, aunque relajada, no se olvidaba de su cargo.

Las escritoras que asistieron a la entrega estaban radiantes, entre ellas Soledad Puértolas: "Llevábamos esperando este momento bastantes años ya; era la que quedaba de los grandes escritores vivos y por eso hoy tenemos una sensación de alivio, de alegría". Puértolas, académica de la Lengua igual que la galardonada, aseguró que todos los que se han acercado a la ceremonia lo han hecho "con la sensación de quererla aplaudir a Matute por este premio, por su vida y por lo que es. Es un regalo tenerla cerca".

Especialmente feliz estaba la escritora Ana María Moix, amiga de la galardonada, que recordaba las dificultades que tuvo Matute para sacar a flote su novela Olvidado rey Gudú, guardada durante años en un cajón. Carmen Caffarel, directora del Instituto Cervantes, destacó que Matute había "hablado desde el corazón" en su discurso. "Se ha venido arriba desde la fragilidad". "Las que somos mujeres nos sentimos hoy doblemente satisfechas, porque las creadoras no están representadas como se merecen ni en los premios, ni en las academias, ni en los organismos", dijo Caffarel.

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