Gran película de actores, gran cine de espías

Thriller-drama, 2010, 114 min. Dirección: John Madden. Guión: Jane Goldman, Matthew Vaughn, Peter Straughan. Fotografía: Ben Davis. Música: Thomas Newman / Children of 13. Intérpretes: Sam Worthington, Helen Mirren, Ciarán Hinds, Tom Wilkinson, Marton Csokas, Jessica Chastain, Jesper Christensen, Adar Beck, Romi Aboulafia. Cines: Vialia, Rosaleda, Plaza Mayor, La Verónica, Miramar, La Cañada, Rincón de la Victoria, El Ingenio.

Como si estuviera firmada por Martin Ritt, Alexander MacKendrick, Otto Preminger o Sidney Lumet -inspirándose en Graham Greene o John Le Carré-, ésta es una película de espías en la que las persecuciones, fingimientos, secuestros y muertes son un pretexto para abordar un discurso ético de gran densidad humana sobre la mentira, el remordimiento y la necesidad de liberarse a través de una verdad a la vez temida y deseada.

Primero protagonista de historias de aventuras, desde El agente secreto (1908) y Bajo la mirada de Occidente (1911) de Joseph Conrad, el espía se convirtió, como el detective, en el ambiguo héroe trágico por excelencia de la modernidad. Treinta años más tarde, a partir de El agente confidencial (1939), Graham Greene desarrollaría su famoso ciclo de novelas ético-psicológicas de espionaje. A este filón se apunta La deuda, versión americana realizada por el director británico John Madden de una película israelí de 2007 (Ha-Hov de Assaf Bernstein) desconocida entre nosotros.

No debe ser casual que las dos mejores películas de John Madden -Ethan Frome (1993) y Su majestad Mrs. Brown (1997)- traten del duelo, la culpa, la supervivencia y la memoria. En clave trágica, basándose en la espléndida novela de Edith Warton, Ethan Frome narraba el tormento moral y físico en el que ha de sobrevivir un hombre enamorado de dos mujeres tras un fallido suicidio. En clave amable, basándose en hechos históricos, Su majestad Mrs. Brown narra el infierno depresivo en el que se abisma la reina Victoria tras la muerte del príncipe Alberto. Tras estas películas Madden rodó el gran éxito Shakespeare in love, la horrorosa La mandolina del capitán Corelli (2001) y las correctas pero insulsas La verdad oculta (2005) y Killshot (2008). La deuda supone su regreso al gran cine -sin lugar a dudas es su mejor película- y a su universo temático más personal.

En 1966 tres agentes secretos israelíes -dos hombres y una mujer- secuestran en el Berlín oriental a un criminal de guerra nazi, un médico que realizó atroces experimentos en el campo de concentración de Birkenau. Su éxito los convertirá en héroes. Treinta años después la publicación de un libro que recoge la heroica acción y un suicidio desatarán una cascada de acontecimientos trágicos que les obligará a volver a un pasado no clausurado y por ello capaz de destruir sus vidas presentes.

El primer logro de Madden es la elección y la dirección de actores. Los dos planos temporales en los que se desarrolla en paralelo la acción obligan a que seis actores interpreten a los tres personajes en su juventud y su madurez. Madden logra que esto sea creíble y, lo que es casi más difícil, que las seis interpretaciones sean extraordinarias. Ellos son Sam Worthington y Marton Csokas en 1965 y Tom Wilkinson y Ciarán Hinds en 1997; ella de joven es Jessica Chastain y en su madurez una Hellen Mirren colosal como gran trágica.

El guión es perfecto. Las idas y venidas en el tiempo, nunca confusas, son la principal clave para generar suspense, tensión emocional y desconcierto ético. Los diálogos son ejemplarmente concisos y hacen progresar la acción con una contenida sabiduría dramática. Los rostros, encuadrados con maestría, dicen más que las palabras. La puesta en imagen es austera y eficaz. Que en los cinco primeros minutos de metraje se mezclen dos tiempos y tres escenarios distintos sin generar confusión anuncia el alarde que, dentro de las normas de la narración clásica, representa esta película. Y que su cuerpo central sea la tensa pieza de cámara del encierro de los secuestradores y el secuestrado (impecable e implacablemente interpretado por Jesper Christensen) demuestra su apuesta por centrarse en el juego de actores y caracteres.

Tras La caja de música de Costa-Gavras, La deuda es -junto al excepcional documental I have never forgotten you. The life and legacy of Simon Wiesenthal, de Richard Trank (2007)- la mejor película sobre la caza de nazis vista en los 22 años que las separan.

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