Literatura

El argentino Guillermo Saccomanno gana el Premio Biblioteca Breve

  • El escritor logra el galardón, dotado con 30.000 euros, con su novela 'El oficinista'

El escritor argentino Guillermo Saccomanno ha ganado el Premio Biblioteca Breve con su novela El oficinista, que había presentado al galardón que convoca la editorial Seix Barral bajo el seudónimo de Calemo.

El jurado, formado por José Manuel Caballero Bonald, Pere Gimferrer, Ricardo Menéndez Salmón, Rosa Montero y Elena Ramírez, ha tomado la decisión del fallo "por unanimidad".

El galardonado, que recibirá los 30.000 euros con que está dotado el Biblioteca Breve, nació en Buenos Aires en 1948 y es autor de novelas y libros de cuentos como Situación de peligro, Roberto y Eva, El buen dolor, El pibe y la trilogía que forman La lengua del malón, Un amor argentino y 77, con el que obtuvo el Premio Dashiell Hammett en la Semana Negra de Gijón de 2009.

Saccomanno, ha explicado la editora Elena Ramírez, no ha podido venir a Barcelona a recoger el premio "pues por motivos de salud hace dos días los médicos le desaconsejaron el viaje desde Argentina". Ramírez ha revelado que cuando se enfrentó a la obra "todo el jurado era consciente de que estábamos ante una obra mayor".

El oficinista cuenta la historia de un hombre gris, un funcionario dispuesto a soportar cualquier humillación con tal de mantener su puesto de trabajo, hasta que se enamora de una secretaria y ese día siente que es otra persona.

El contexto en el que se produce la historia es "una ciudad asediada militarmente con helicópteros, lo que confiere a la novela un componente de ciencia ficción, aunque no transcurra en el futuro, sino que puede pasar en cualquier ciudad de hoy día de cualquier parte del mundo".

Precisamente ese "mundo infernal" es, en opinión de Rosa Montero, "el trasunto de un libro muy atmosférico, en el que esa sociedad infernal convierte a las personas en seres miserables, en asesinos incluso". A su juicio, se podría considerar El oficinista como "una novela de ciencia ficción antiutopista, aunque también es una novela política, moralizante, ética".

Según Caballero Bonald, el protagonista es una "antihéroe" que aparece como "extraviado por la vida, que no sabe dónde va a acabar y por eso agarra al lector desde el principio". El estilo, argumenta, es "deliberadamente severo, escueto, de frases casi telegráficas, muy en consonancia con el ritmo de este personaje".

En ausencia de su persona, la editorial ha remitido un texto de Saccomanno en el que el propio escritor explica que la zona del Bajo, en Buenos Aires, "concentra el humus de esta novela", y recuerda que en ese espacio se encuentran las torres empresariales, la Bolsa, los bancos extranjeros, las multinacionales y los ministerios.

Por la noche, continúa, cuando la City se apaga, en los umbrales de esas catedrales del dinero empieza a verse a los sin techo, "aquellos desgraciados pestilentes expulsados de un sistema en el que creyeron". Mientras observaba este contrapunto, más de una vez Saccomanno pensó en esos personajes, "no muy diferentes en su degradación del Akaki Akjákievich de El capote de Gógol, o del hombre del subsuelo de Dostoievski", confiesa el autor argentino.

Perfeccionista como pocos, Saccomanno escribió El oficinista en el verano de 2003 en apenas un mes, pero en aquel momento "ignoraba que su proceso de corrección y ajuste -tal vez la verdadera etapa de escritura- me llevaría seis años", asegura.

Para Saccomanno, que su novela transcurra en un tiempo donde conviven elementos del ayer con la tecnología del mañana "no tiene nada de novedoso" y añade: "Ese tiempo es ahora, cero ciencia ficción. Esa gran ciudad sobrevolada por helicópteros y estallando en atentados puede ser la tuya o la mía"

En nombre del ganador, el también escritor Rodrigo Fresán, que ha mantenido una relación estrecha con Saccomanno en los últimos años, ha dicho que es "un libro extraño, pero al mismo tiempo coherente en la obra de Guillermo". A su juicio, en El oficinista confluyen influencias tan variadas como el Roberto Arlt de Los siete locos, como el aliento de la literatura kafkiana o el anhelo de los escritores rusos de captar el alma de los personajes a través de la escritura.

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