Crítica cine

Hábil juego con trampa

En tierra hostil. Acción bélica, 2008, EE UU. Dirección: Kathryn Bigelow. Guión: Mark Boal. Intérpretes: Jeremy Renner, Anthony Mackie, Brian Geraghty, Christian Camargo, Ralph Fiennes. Fotografía: Barry Ackroyd. Música: Marco Beltrami. Cines: Plaza Mayor, .

El peligro como adicción, la guerra como droga: este es el punto de partida de una película que quiere trazar un cuadro estremecedoramente objetivo, no sólo de la guerra en general y la de Iraq en particular, sino sobre la presunta debilidad actual del gigante americano. En la secuencia introductoria unos artificieros descubren una bomba en una calle de Bagdad. El moderno instrumental dirigido por control remoto falla. Revestido como un guerrero de ciencia ficción un artificiero se dispone a desactivarla. El vehículo robotizado y el artificiero-astronauta son figuras incongruentes en un paisaje de miseria de siglos, casuchas, cabras, tenderetes y lugareños. Pero la bomba colocada por un terror premoderno gana la partida sobre los sofisticados equipos americanos. Muere el jefe del grupo y le sustituye un tipo autodestructivo, desequilibrado, víctima de su pasado y de sí mismo. El miedo, nerviosismo, desconcierto y desubicación que habitualmente afecta a los soldados se multiplica bajo las órdenes de quien parece gozar exponiendo su vida.

De esto quiere tratar la película. Pero los personajes están sumariamente trazados y resultan planos, lo que convierte sus miedos o excesos en caricaturas vacías de contenido humano. De otra parte el estilo seudo-documental, con la inevitable cámara libre siempre saltando u oscilando y los zoom aproximando innecesariamente planos ya de por sí cortos, da una fuerza falsa (como de anabolizante) a la película que la hace más superficialmente convincente, pero a la larga le resta credibilidad: es lo propio de la musculatura artificialmente ayudada, del efectismo. Usada con inteligencia y cautela la falsificación del estilo de noticiario televisivo puede funcionar como efecto de realidad. Pero su uso en todo tipo de películas lo ha trivializado y su presencia durante la totalidad del metraje satura, cansa y -lo que es peor- acaba convirtiéndose en una impostura que fatalmente -con la ayuda de algún detalle innecesario de cámara lenta- se muestra como tal.

Esta impostura desvela que, tras la piel aparentemente convincente de una cruda reflexión sobre la adicción al peligro y de una crónica realista de los desastres de la guerra, se esconde una hábil (premios, buenas críticas, tres nominaciones a los Globo de Oro) película de suspense (¿logrará desactivar la bomba?) virada al terror gore (¿saltará hecho pedazos si no lo logra?, ¿qué esconde el cadáver en descomposición?) con algo de videojuego bélico (la incursión en el edificio abandonado). Una suma eficaz pero inmoral que culmina en un final con moraleja. La película se inscribe con naturalidad en la irregular y a veces eficaz filmografía de su autora, responsable de aceptables cintas comerciales de acción (Le llaman Bodhi) y bélicas (K-19) que alguna vez intentó ser más (El peso del agua) logrando sólo ser pretenciosa. Con En tierra hostil ha logrado aunar su gusto por el cine de acción y su ambición de ser reconocida como autora. El problema es que lo ha conseguido haciendo trampas.

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