Javier Ferrer, hombre fuerte de la cultura en Málaga

  • Tras su puesto de responsabilidad para 2016, el gerente afronta otra transición no deseada

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Es posible que ni él mismo lo esperara, pero, en poco más de un año, Javier Ferrer ha pasado de ejercer de coordinador gerente del Ayuntamiento a agente imprescindible para comprender la evolución de la materia cultural reciente en Málaga. Ferrer fue designado por el alcalde, Francisco de la Torre, a finales de 2009 para ocupar el puesto de gerente en la Fundación Málaga Ciudad Cultural, responsable de la candidatura de la ciudad a la Capitalidad Cultural de Europa en 2016. Y, este mismo año, fue propuesto, de nuevo por el alcalde, para la gerencia del Museo Thyssen, en un puesto ratificado el 23 de marzo, sólo un día antes de la inauguración oficial. Que Tomás Llorens haya señalado este último nombramiento como motivo para justificar su dimisión deja a Ferrer en una situación desfavorable cuyas consecuencias, sin embargo, no serán relevantes después de que la misma baronesa Thyssen saliera ayer en su defensa. Pero lo cierto es que es la segunda ocasión en que Ferrer se enfrenta, a cuenta de la cultura, a una transición no deseada en la que la misión primordial consiste en que la imagen del Ayuntamiento y del alcalde salga lo menos empañada posible. Javier Ferrer no es así únicamente un hombre fuerte de la cultura en Málaga; también, a su pesar, un cargo de confianza al que le es encomendada la salvaguardia municipal.

Lo curioso es que en la aventura de la Fundación Málaga Ciudad Cultural su nombre también estuvo en el punto de mira precisamente porque entonces fue él quien presentó su dimisión. Después de algunos desencuentros con el presidente de la entidad, el empresario Juan López Cohard, especialmente respecto a la organización de un concierto para la promoción de la candidatura con músicos malagueños que jamás llegó a celebrarse, Ferrer presentó su dimisión al mismo López Cohard y al alcalde en agosto de 2010, poco más de un mes antes de la defensa del proyecto malagueño ante el tribunal europeo competente en el Museo Reina Sofía de Madrid. Tanto De la Torre como López Cohard recomendaron a Ferrer que no hiciera pública su decisión hasta después de la resolución del tribunal para no perjudicar a la candidatura, y así lo acordaron. Ya en septiembre, Málaga hoy supo de la dimisión presentada por Ferrer y preguntó por la misma al mismo gerente, a De la Torre y a López Cohard. Los tres negaron los hechos, pero una semana antes de la presentación del proyecto, cuando este periódico tuvo las evidencias sobre la mesa, los tres admitieron que habían mentido para evitar que la candidatura quedara dañada. Finalmente, Málaga no pasó el primer examen ante el comité de expertos y quedó apeada de la carrera por la Capitalidad en el primer envite. En ningún momento la dimisión de Ferrer fue barajada como motivo del fracaso.

La decisión del alcalde por la que Javier Ferrer pasó a ocupar la gerencia del Museo Thyssen no resultó sorprendente. Quedaba claro que De la Torre había hecho de la cultura su particular campo de batalla para la transformación de la ciudad y Ferrer le ofrecía la solvencia suficiente, con la experiencia y las garantías necesarias. Ahora, queda por comprobar quién ocupará el puesto de director artístico, si se abrirá un nuevo proceso de selección o si se recuperará alguna de las candidaturas rechazadas en favor de la de María López. Dado que, con unas elecciones a la vuelta de la esquina, y con un revés serio en cuanto a la imagen de consolidación que se pretende ofrecer, ni el Ayuntamiento ni el alcalde pueden permitirse otro traspiés, parece evidente que el proceso no será precisamente inmediato y que, por otro lado, se optará por alguien que encaje sin problemas en el perfil ya configurado por De la Torre, Carmen Thyssen y Ferrer. Pero todo, de momento, entra en el campo de la conjetura. Mientras, Ferrer parece encarnar tanto el problema como su solución.

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