Jesús Reina, puro talento

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Lugar: Teatro Cervantes de Málaga. Fecha: Sábado 6. Formación: Orquesta Filarmónica de Málaga. Howard Williams (director). Aforo: Tres cuartos de entrada.

Hace dos temporadas nos quedamos con las ganas de escuchar su interpretación del Concierto para violín y orquesta de Tchaikovsky junto a la Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM). No pudo ser; las obligaciones de una exigente formación internacional impidieron a Jesús Reina atender aquel compromiso. La deuda contraída entonces quedó saldada con creces en el pasado programa de abono con otro de los imprescindibles del repertorio violinístico, el Concierto para violín y orquesta en mi menor de Félix Mendelssohn-Bartholdy.

La espontaneidad de sus formas delatan al todavía joven músico malagueño, que quiso corresponder al afectuoso recibimiento que le brindó el público del Cervantes. Avalado nada menos que por Yehudi Menuhin y Pinchas Zuckerman, Reina es uno de los más brillantes exponente de su generación y está llamado a realizar grandes empresas. Además de un virtuoso del instrumento, se sabe -lo es- un elegido. A esto hay que unir el gran trabajo de Howard Williams al frente de la OFM durante todo el concierto, que resultó en la magnífica interpretación de la obra de Mendelssohn-Bartholdy. Pero todavía quedaban ganas de agradar y Reina ofreció un largo y atípico bis con la interpretación a capella del segundo movimiento (Romance) del concierto para violín de Wieniawski.

Obras de William Walton y Edward Elgar completaban el programa confeccionado a medida por Howard Williams. Tanto en la jovialidad impregnada del color y los esquemas rítmicos del neoclasicismo de la Obertura Portsmouth Point, como al abordar la sensibilidad imperecedera de la Sinfonía nº1 de Elgar, Williams demostró un perfecto dominio del repertorio patrio y de ese lenguaje musical que, careciendo absolutamente de raíces folclóricas y arcaizantes, resulta tan típica e inconfundiblemente inglés.

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