José Luis Temes y la OFM rescatan la obra sinfónica de Lehmberg Ruiz

  • La orquesta registra en un álbum cuatro piezas nunca antes grabadas del compositor malagueño, de cuya muerte se cumplen 50 años en 2009

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En la mayoría de las conciencias malagueñas, el nombre de Lehmberg Ruiz va asociado a una calle cerca de El Corte Inglés. La anécdota demuestra la poca justicia que se ha hecho en la ciudad con el compositor también malagueño Emilio Lehmberg Ruiz (1905-1959), autor de una considerable producción sinfónica que, a pesar de su calidad, ha permanecido en el olvido desde pocos años después de su muerte. Afortunadamente, la Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM) y el director José Luis Temes (viejo conocido de la formación, para la que ha actuado en numerosas ocasiones como batuta invitada) ha emprendido el rescate de buena parte de la música de Lehmberg para concierto a través de la grabación de cuatro de sus piezas más significativas, aunque nunca registradas hasta ahora. El disco, grabado este mismo año en la sala de ensayos de la Filarmónica, cuenta con la participación en la producción del Ayuntamiento de Málaga y la Junta de Andalucía.

La historia de Lehmberg Ruiz es representativa de lo que el siglo XX ha deparado a buena parte de sus artistas. Hijo de uno de los marineros alemanes que sobrevivió al naufragio de la fragata Gneisenau el 16 de diciembre de 1900 y de la hija del matrimonio malagueño que lo acogió tras la catástrofe, el compositor gustó las mieles del reconocimiento, el descenso a las formas musicales menos prestigiosas para la supervivencia y un combate hasta la muerte contra una enfermedad mental traducida en una depresión brutal. Ya desde su formación en el Conservatorio Nacional de Madrid apuntó maneras y se hizo con varios premios tanto en su faceta de instrumentista (estudió violín, viola y piano) como en la de compositor. En la década de los 30, recién concluido su periplo académico, el malagueño desarrolló una carrera como autor de concierto muy destacada, que ganó la admiración de sus contemporáneos gracias a suites como Granada y Málaga (1930), deudoras del espíritu nacionalista de la época, y otras partituras más libres como Amanecer (1930) y Scherzo humorístico (1936). Incorporado a la Banda de la Guardia Republicana tras el estallido de la Guerra Civil, se instaló tras la misma en el domicilio madrileño de Chamberí que habría de habitar hasta su muerte junto a su mujer, la pianista viguesa Carmen González Feijoo.

La posguerra traería consigo necesidad acuciantes que obligarían a Lehmberg Ruiz a aceptar trabajos para el teatro y la revista, géneros que despuntaron pronto entre la burguesía de la capital. El malagueño compuso así partituras para algunos de los títulos más populares de los años 50, como Matrimonios en la luna (1952), Ni tanto ni tan calvo (1953) y Telemanía (1958). Su gran éxito llegó en 1954 con el tema Cántame un pasodoble español, verdadero hit de la década con letra del actor Tony Leblanc, que formaba parte de la revista Lo verás... y lo cantarás, estrenada en el Teatro Albéniz. De forma paralela, el cine también llamó a la puerta de Lehmberg Ruiz, quien compuso la banda sonora de 25 películas, entre ellas Empezó en boda (1944), El curioso impertinente (1948), Quema el suelo (1952) y El puente del diablo (1955).

Los tres últimos años de la vida de Lehmberg Ruiz se convirtieron en un verdadero infierno transmutado en depresión, a la que el malagueño se enfrentó mediante la composición de su obra más importante, la magna Sinfonía, verdadero requiem que forma parte del disco grabado por la OFM junto a la citada Granada, el poema sinfónico Impresiones del atardecer (1931) y la Suite andaluza (1942). Para este verdadero tesoro de la música española del siglo XX, se acabó el tiempo de silencio.

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