Juan Naranjo recupera a Lekuona en el Picasso

  • El historiador analiza en Málaga la obra del artista vasco

"Pese a que trabajó sólo cuatro o cinco años, tiene una producción muy interesante, sobre todo en el foto-collage o el fotomontaje partiendo de la imagen impresa, que le conecta con el dadá y con el surrealismo", comentó ayer el historiador Juan Naranjo sobre el dibujante, pintor, diseñador y fotógrafo vasco Nicolás de Lekuona (1913-1937), protagonista de la última conferencia del ciclo del Museo Picasso Málaga.

La modernidad de Lekuona es uno de los rasgos que más atraen al historiador Juan Naranjo del artista vasco, por tratarse de "una persona muy joven que conectó muy bien con las sensibilidades más avanzadas de su época". Y es que, según recordó Naranjo él y su generación conectó "con las nuevas herramientas y concepciones de la distribución y la creación artística y se desvincularon de viejos medios como la pintura para recurrir a medios que consideraban más modernos como la fotografía, el fotomontaje o la publicidad".

Este "artista en desarrollo", como definió Naranjo a Lekuona ha dejado una obra de gran "fuerza" aunque sea la de un principiante. La precocidad de Lekuona, fallecido a los 24 años durante un bombardeo de la Guerra Civil, es uno de los aspectos más llamativos de su obra, al tratarse "de una persona muy joven que conectó muy bien con las sensibilidades más avanzadas de su época", insistió el historiador Juan Naranjo.

Uno de los muchos rasgos de modernidad en la vida y obra de Nicolás de Lekuona fue su participación en el fenómeno de las revistas de vanguardia, "un nuevo espacio discursivo no vinculado al museo que son las publicaciones", que se convirtieron "en plataformas para difundir sus creaciones, pero también su ideario", detalló Naranjo.

Más argumentos para defender la conexión de Lekuona con la vanguardia de su tiempo es el uso de "recursos estéticos como el picado, el contrapicado o los desplazamientos del eje de simetría", mientras que los collages "hacen alusión al mundo onírico y al surrealismo", con mucha presencia "de la mujer, el desnudo y el erotismo como una forma de provocar a las clases burguesas de aquel momento", en palabras del conferenciante.

Nicolás de Lekuona tuvo un notable reconocimiento en los años 30, época en la expuso en el Kursaal, además de contar con amistades como la del escultor Jorge Oteiza.

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