Juegos de vanguardia con el pop

  • Animal Collective enseñan en el Cervantes lo divertida e inspiradora que puede ser la psicodelia electrónica cuando abriga desde el pop a la bossa nova o el folk

Final de temporada de conciertos en el Cervantes, y también fin de ciclo. Lo de la noche del jueves con Animal Collective responde a uno de los rasgos del teatro malagueño en los últimos años: una apuesta por la vanguardia aunque el público mayoritario no responda. Hubo pocos espectadores, pero sí que hubo un gran espectáculo, de esos que no salvan las cuentas económicas pero sí las artísticas.

En nuestros días, el pop de riesgo es un campo tranquilo en el que pocos se la juegan más que este colectivo neoyorquino. Además, su novedad no es tan excéntrica como esquizofrénica o exótica. Los creadores de Strawberry jam (2007) no deconstruyen el pop sino que lo reconstruyen, y lo hacen sin alejarse demasiado de concepciones clásicas como las de los Beach Boys del Smile -en su versión inacabada de 1967-.

Bajo la superficie compleja, ruidosa, electrónica, hipnótica y repetitiva de las canciones de Animal Collective late un corazón pop vibrante, luminoso y caleidoscópico. En su batidora caben los Beatles, los Beach Boys, la bossa nova, la salsa, el noise rock, el folk más campestre y una psicodelia intensa que impregna toda su música. No era raro comentar el concierto con los pocos curiosos que se acercaron y escuchar comparaciones con Mercury Rev -los de los dos primeros discos, eh- o Spacemen 3. De corrido, dejando fluir sus temas en un gran magma sónico, es como se soltaron aquellos tres locos, con sus coros incomprensibles y mucha electrónica para soldarlo todo.

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