Lourdes Moreno. Comisaria de 'Julio Romero de Torres. Entre el mito y la tradición'

"Julio Romero de Torres está más vivo que nunca"

  • La directora artística del Museo Carmen Thyssen de Málaga alaba la actualidad del cordobés, al que la institución dedica una exposición integrada por más de 30 piezas inaugurada el viernes.

Lourdes Moreno, directora artística del Museo Carmen Thyssen de Málaga, es la comisaria de Julio Romero de Torres. Entre el mito y la tradición, una exposición compuesta por más de una treintena de obras cedidas por instituciones públicas y coleccionistas privados que se inauguró el viernes con la intención de realizar una revisión del pintor cordobés. Entre ellas estarán Poema de Córdoba, que se expondrá junto a su boceto preparatorio, La consagración de la copla, La Buenaventura, Pereza andaluza, Mal de amores o Mujeres sobre mantón.

-¿Cuál es el objetivo de esta exposición?

-Ofrecer una visión de Julio Romero de Torres como un pintor mucho más intelectual y menos vinculada a lo folclórico de lo que se le ha otorgado casi siempre desde la tradición. Ya ha habido exposiciones que han reivindicado a este autor desde esa perspectiva y nosotros también queremos ofrecerla, la de un pintor vinculado con el simbolismo, las corrientes literarias y la intelectualidad de su época.

-¿De dónde surge la idea de hacer esta muestra?

-La colección Carmen Thyssen es muy rica en obras de Romero de Torres porque tiene cuatro que son de autoría del pintor cordobés, así que la vinculación es clara y directa. Por un lado está representado en la colección, por otro es un pintor español y vinculado a una ciudad cercana a Málaga como es Córdoba. Es un proyecto que no ha ofrecido dudas.

-¿Cómo definiría el recorrido expositivo?

-Hay algo más de una treintena de obras, piezas de varios formatos con las que se sigue una cronología a través de la producción artística de este pintor, aunque la muestra no está exhaustivamente organizada a través de la cronología sino de cuatro apartados temáticos y conceptuales de su obra en los que se explican algunos de los temas que él tocó en su producción. Abarcamos desde los primeros años, con obras de producción muy temprana, incluso no muy conocidas para el gran público, en un momento en el que él está buscando su propio estilo. Él nació en un ambiente propicio, su padre era pintor y algunos de sus hermanos estuvieron vinculados con el mundo de las artes, vivió en el entorno del museo de la ciudad... Esto facilitó su aprendizaje y su cercanía con el mundo intelectual y del arte. Luego habrá obras muy definitivas y definitorias de su producción y de su estilo tan singular y único.

-Como actividad complementaria habrá un ciclo de flamenco. ¿Qué peso tiene este arte en la obra del maestro cordobés?

-Muchísimo. El propio Julio Romero quiso ser cantaor y de hecho al principio incluso lo intentó. Afortunadamente para el mundo del arte ganamos un pintor y perdimos un cantaor de flamenco. Sabemos que admiraba a Juan Breva, de hecho hay unas declaraciones suyas en las que dice que entre la personalidad de Leonardo da Vinci, por el que sentía una gran admiración y a quien consideraba el primer pintor de la Historia, y la de Juan Breva, él no habría vacilado, quería ser Juan Breva, que era un cantaor de Vélez. Romero de Torres admiró siempre el mundo flamenco, de hecho es una parte de la temática de sus obras. Además entendía la propia pintura con ese sentido de lo trágico y de la pasión con que se entiende muchas veces el mundo del flamenco, incluso el de la copla. Por eso la copla lo coge como inspiración para algunas de sus canciones. Con esto, no podíamos dejar pasar su relación con el flamenco. En este ciclo tendremos a cordobeses ilustres como Pablo García Baena. Además será multidisciplinar porque habrá conferencias interactivas en las que se pondrá música a los cuadros que pintó el maestro cordobés. Participarán especialistas como Eusebio Rioja, que hablará sobre los cafés cantantes que conoció el pintor, o el periodista especialista en flamenco Francis Mármol, que estará acompañado por un guitarrista. En este ciclo se proyectará la película Blancanieves, inspirada en la estética de Romero de Torres, como ha dicho su propio director, Pablo Berger, que asistirá a un coloquio posterior en el que también colaborará el director del Festival de Cine de Málaga, Juan Antonio Vigar. Sorprende que la estética tan castiza y vernacular de Julio Romero siga perviviendo aún hoy porque ha servido para inspirar la estética y el vestuario de Blancanieves. Las reflexiones estéticas y los vínculos de su poética son muy directos en esta película, con lo cual podemos decir que Julio Romero de Torres está más vivo que nunca. En el museo tendremos además fiestas flamencas con La Lupi, que hará un baile bajo la advocación de Pastora Imperio, una bailaora de la época del pintor cordobés y que él retrató en numerosas ocasiones; Rocío Molina se inspirará en La Argentinita, otra bailaora que él pintó, y la última actuación será en memoria de Juan Breva, a cargo de Gitanillo de Vélez acompañado por el guitarrista Luli Santiago.

-¿Qué significa Romero de Torres para el arte español?

-Este pintor está en una corriente regionalista que trata como referente en sus temas y sus poéticas artísticas lo vernacular, lo castizo, pero además le aporta un universo simbólico. Creo que es probablemente uno de los mejores pintores del simbolismo en España. En Europa en ese momento hay corrientes en torno a ese tipo de pintura que, aun pareciendo en una primera lectura de una impronta más fácil, tiene un universo referido a la literatura y las corrientes de pensamiento de su época, que él supo plasmar. Por otra parte, aunque él está muy influido por la literatura de la Generación del 98 y ésta tiene como referente los paisajes de Castilla, sabemos que Julio Romero cambió ese paisaje de Castilla por Córdoba, una ciudad a la que quiso siempre y Córdoba también a él. Hay una reciprocidad entre la ciudad y el pintor como se da en pocas ocasiones a lo largo de la Historia. Julio Romero convirtió a Córdoba en una de sus musas, en otra de sus protagonistas. Muchas veces plasma una Córdoba fraccionada porque escoge diferentes partes de la ciudad y las ensambla para crear un escenario misterioso y siempre sugerente. Lo hace cuando la Generación del 98 había dicho que había que mirar a Castilla, que la esencia estaba allí. Construye un universo muy peculiar, muy singular, que lo hace muy reconocible frente a otros pintores, con una figura muy definida, muy corpórea, muy sólida, con un dibujo muy preciso y con ese ambiente casi de vocación, a veces misterioso en sus paisajes, en esos silencios que se muestran en la mayoría de sus obras.

-¿Qué hay de mito en Romero de Torres?

-Hay tanto en su manera de tratar la pintura como en su propio personaje. Él solía vestir con la capa española y el sombrero cordobés. Se cuenta que en las tertulias escuchaba más que intervenía pero era un hombre socialmente con mucho encanto y a partir de ahí se levanta un mito al que contribuyó su fallecimiento prematuro cuando estaba en la cúspide de su producción artística y también vital. Ha contribuido también utilizar obras suyas como referentes, como por ejemplo para los billetes. Luego también parece que los diferentes estamentos políticos intentaron apropiárselo pero él ya había fallecido. La copla también le canta. A todo eso contribuye hablar de un pintor referido solamente a la mujer andaluza, a la mujer morena, cuando detrás de la obra de Julio Romero hay un concepto, una idea, un homenaje a maestros del pasado. Él mismo dijo que Leonardo da Vinci era el pintor de los pintores, pero también se inspira en otros. Cuando era joven viajó por Marruecos y Europa. Su estancia en Italia le permitió tomar esa perspectiva y puntos de fuga de muchos de sus cuadros como otros maestros del pasado, sobre todo del Quattrocento. Así que es un pintor que aúna el propio mito de su figura, la vinculación que él se daba como pintor de la mujer, de un prototipo de mujer, pero también un bagaje muy variado de homenaje hacia la pintura del pasado, donde además hunde las raíces de su producción pictórica.

-¿Es fácil acercarse a su obra?

-En un primer momento puede parecer más fácil de lo que es pero creo que hay un mundo que, como sus propias obras, está silencioso, agazapado en ellas. Por eso tiene un vínculo muy importante con el mundo del cine, porque ofrece diferentes perspectivas como telón de fondo, escenas que son como flashback. Sus obras son muy narrativas. Puede haber una primera idea de facilidad pero muchas de ellas son más complejas de lo que en un principio se podría pensar.

-¿Ha ayudado la imagen que se tiene del pintor a la difusión de su obra o la ha entorpecido?

-Su imagen le ha hecho permanecer en un estadio que no es exactamente el que le corresponde. Su estadio es el de un pintor simbolista, vinculado a esa corriente regionalista. El peso que él lleva del mito, tanto su obra como su propio personaje, porque están los dos unidos en ese ámbito, ha hecho que en una primera instancia no se le haya posicionado como ese gran pintor simbolista que es. Los museos y las instituciones tenemos que trabajar por reivindicar esa parte más intelectual.

-¿Hay más de leyenda?

-Bueno, de leyenda hay. También es muy positivo porque cuanto más se conozca una obra y un autor más se le aprecia. En torno a él sí que hay algo de leyenda. También es verdad que ese personaje ha dado ese juego. Hay otros pintores que quedan ocultos o más diluidos entre el peso de su obra pero en Romero de Torres es verdad que tiene tanto peso su figura como su propia producción.

-¿Está lo suficientemente reconocido?

-Creo que la ciudad de Córdoba lo idolatra pero no es un pintor suficientemente reconocido a nivel internacional en absoluto. En eso quizá la bibliografía debería haber tenido más interés o ambición por publicar cosas sobre él en otras lenguas, lo que hubiera permitido un mayor conocimiento y que su mercado hubiera sido más diverso, sobre todo a nivel europeo y norteamericano, no tanto a nivel de Sudamérica porque allí fue muy apreciado después de su exposición en 1922 en Argentina, en la galería Witcomb, donde tuvo gran éxito. Pienso que es un pintor al que se necesita recordar, exponer y revisitar porque todas las aportaciones y nuevas visiones pueden encontrar algún punto de inflexión o novedad en la interpretación de su obra. En ese sentido, Julio Romero necesita más atención para ser reivindicado y conocido a efectos tanto del gran público como del sector más intelectual como ese gran pintor simbolista que es y con un universo y poética singular porque tiene una impronta propia. Tiene su propia forma de hacer la pintura, tan pulida, tan rematada, esa pintura brillante, como esmaltada casi, muy contraria a otras corrientes de la época como el impresionismo. Él vuelve al pasado, a los grandes maestros, a Leonardo, Perugino, a esa pintura absolutamente terminada. Por otra parte, la historiografía española se ha preocupado mucho de tratar las vanguardias y él no está en esa posición. Julio Romero de Torres tiene una intuición de vanguardia pero no lo es, aunque en la época cuando exponía se le trataba como un moderno.

-¿Ha sido un lastre para su difusión el carácter castizo de su obra y su utilización durante el franquismo?

-Ha sido un lastre pero también se hizo un billete de Falla, en cuya producción tiene un peso importante lo regionalista, lo folclórico. Sin embargo Falla no ha tenido la misma suerte. En parte sí ha sido un lastre para Romero de Torres, pero porque era un vínculo mucho más fácil. Somos muy aficionados a etiquetar y a ponerlo como el pintor de la mujer morena o como el pintor de una cierta estética, es más fácil que leer sus raíces, estudiar sus antecedentes, vincular sus declaraciones con las de otros autores de la época... Ha sido una mirada rápida sobre Julio Romero la que ha hecho que se tenga ese concepto desvirtuado de su historia y su poética. Y una mirada a medias no es una mirada real. Es un pintor sobre el que es necesario organizar este tipo de exposiciones para dar perspectivas diferentes.

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