Y Kemp dignificó a 'Butterfly'

  • La escenografía salvó una representación de desiguales calidades vocales

No fue el Otello de Verdi que todos esperábamos meses atrás pero la clausura se quedó en torno a Italia. Con Madama Butterfly de Giacomo Puccini se cerró la temporada lírica 2007/2008, igualmente con cambios de última hora en el papel solístico del tenor.

La verdad que haber optado por la producción conjunta del Gran Teatro de Córdoba/Palacio de Festivales de Cantabria/Palau Altea nacida en 2003 no fue mala idea, máxime si se contó con dos elementos sólidos e importantes desde el principio: el director de escena y el director musical de aquel entonces. Siempre es grato contar nuevamente en Málaga con una creación escénica de Lindsay Kemp. Recordemos la presentación de The fairy queen de 2006 que encandiló al público malacitano y que volvió a seducir en la presentada para esta ocasión. Si su visión de Butterfly, basada en una escena fija donde cobran vida los paneles modulares japoneses, la sencillez de elementos y los llamativos efectos de iluminación, siempre es sinónimo de éxito, habría que hablar con mayor énfasis de un magnífico tratamiento de los personajes en la escena (colosal la entrada de Cio-Cio-San), como el uso inteligente de la gestualidad. Igualmente, estableció elementos de clara tensión muy acordes con la situación del libreto original obteniendo un resultado espectacular (de especial relevancia fue la escena de la protagonista en su amarga espera entre los actos segundo y tercero).

En el apartado musical, y más concretamente en lo vocal, habría que matizar la palabra de éxito en función de quién o quiénes hablemos. En primer lugar habría que destacar a la protagonista de la pieza y de la noche, la soprano japonesa Hiromi Omura. Su naturalidad interpretativa, siempre presente a lo largo de la velada, fue la combinación perfecta con una correcta dicción y matización, una técnica muy lograda confiriendo momentos muy destacados como el aria Tu, tu piccolo iddio!. El triunfo hubiese sido absoluto de no ser porque le faltó mayor pujanza en su interpretación para acercarse al verismo deseado. Por ello, la famosa Un bel di que todos los amantes de esta obra esperan no resultó tan convincente. Basada en una ejecución plana y de tempo algo veloz, para nada tiene que ver con las interpretaciones históricas de las grandes divas puccinianas, o con las más recientes de Cristina Gallardo-Domâs en el Teatro Real de Madrid o en el Convent Garden londinense del 2007, o inclusive la que nos ofreció en su recital en este mismo teatro en mayo de este año.

En igual calidad y mérito se presentaron tanto Marina Rodríguez Cusí, con su bello espectro dramático y fiel conocedora de la pieza, y un Manuel Lanza pleno en personalidad y profundidad. No podemos decir lo mismo del tenor Guillermo Orozco que, aún teniendo unos medios muy gratificantes, presentó dificultades en los agudos y una tensión vocal palpable desde el comienzo.

Notable la participación de los maestros de la Orquesta Filarmónica de Málaga, siempre muy atentos a la experta batuta del maestro Cavallaro. Su experiencia al frente de esta partitura dejó una innegable huella en el transcurso de la representación dejando momentos de calidad. La participación del Coro de Ópera también fue óptima. Si bien primó el bello pasaje en bocca chiusa del final del segundo acto, el resto de intervenciones fue eficiente al igual que las que nos proporcionó el resto del elenco participante.

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