Opinión

Lara, mediador

DECÍA Bennett Cerf, el fundador de Random House, que cualquier editor que se preciara tenía que publicar poesía, aunque perdiese dinero. Era su modo de decir que un editor, además de un hombre de negocios, debía ser alguien que amara los libros y lo demostrara con hechos. José Manuel Lara era uno de esos editores: lo bastante perspicaz como para convertir una gran editorial española en un grupo de comunicación con presencia global; pero a la vez tan romántico como para mantener un sello como el de la Fundación José Manuel Lara, que publica regularmente poesía y otros libros que, siendo minoritarios, y de esto puedo dar fe en primera persona, edita de forma exquisita, como los de la serie de Ciudades andaluzas en la Historia.

Decía Lara que al final de su carrera su sueño era dedicarse en exclusiva a un sello como éste, publicando apenas una decena de títulos al año de forma artesanal. No ha tenido tiempo de realizarlo personalmente, pero ahí queda su legado, que entre otras cosas ha servido como vehículo para fomentar la lectura y la cultura andaluza y para llevar ésta al resto de España y del mundo. Y es que, además de editor y empresario, y quizá uno de los mejores valedores que hemos tenido quienes nos dedicamos al libro en un país que nunca le fue demasiado propicio, José Manuel Lara, haciendo honor a su doble ascendencia andaluza y catalana, supo ser un aglutinador, un mediador y un difusor de todo lo que nos une a quienes vivimos en España y en español, frente a quienes exaltan lo que nos separa y nos divide.

Su mensaje a este respecto era claro, pero respetuoso con unos y con otros, invitándonos así a todos al respeto y el conocimiento recíprocos. Del mismo modo, en los catálogos de sus editoriales tuvieron cabida las más diversas formas de pensar, incluidas las que él no compartía, y que nunca impidió (antes al contrario, supo favorecer) que se expresaran libremente.

Un ejemplo, para recordar y seguir. Descanse en paz.

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