Larga vida a Wilco

  • La banda de Jeff Tweedy firmó en el Cervantes el mejor concierto en lo que va de año en la ciudad gracias a la perfección de su locura musical bajo control

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Los gladiadores, al llegar al circo romano, miraban hacia el emperador y proclamaban: Ave Caesar, morituri te salutan (Ave César, los que van a morir te saludan). Algo parecido sintió el público del Teatro Cervantes la noche del lunes cuando Wilco pisó el escenario. Al recibirlos con un cálido con aplausos, los espectadores se declaraban sumisos ante la que es la mejor banda que ha dado el rock americano en los últimos años. La gran noche estaba a punto de empezar. El respetable lo sabía, pero ni el más entusiasta alcanzaba a imaginar el derroche de calidad, maestría, majestuosidad y sobre todo música con mayúsculas que quedaba por delante. El del lunes fue sin duda el mejor concierto en lo que va de año en la ciudad (y probablemente uno de los mejores de los últimos años, con permiso de Lou Reed).

Pese al entusiasmo del público, la velada estaba marcada por un hecho trágico. Tras interpretar Ashes of american flags, el primero de los temas que sonó, Jeff Tweedy, voz y alma de la banda, confesó "hoy es una noche triste para Wilco", en memoria del ex componente del grupo Jay Bennet, que falleció la noche del domingo. Pero no fue un concierto triste, no hay tiempo para lágrimas, hay que seguir tocando. Una filosofía que los de Illinois plasmaron a la perfección en Via Chicago, en el que simularon una tormenta ensordecedora y aún así Tweedy seguía cantando acompañado del bajista John Stirrat. Uno de los mejores momentos de una noche inolvidable.

Aunque la excusa de la ansiada parada en Málaga era la gira de Sky Blue Sky (2007), Wilco eligió una acertada selección de canciones que explican quiénes son y lo más importante: quiénes serán. Intercalaron momentos de gran fuerza e intensidad con canciones más rockeras con momentos más íntimos y sosegados de la mano de temas como Jesus etc o Imposible Germany.

La grandeza de este sexteto reside en su facilidad para cambiar de estilo musical al tiempo que mantienen su marca propia. Son capaces de ser fieles al rock más clásico, pasar a un tema en el que mantienen vivas sus raíces country, para luego coquetear con el jazz. Y todo hecho y ejecutado con una perfección absoluta, un directo en el que hasta los momentos de locura -no fueron pocos, que se lo pregunten a las cuerdas de la guitarra de Nels Cline- están regidos por el orden de un maravilloso desorden. La genialidad técnica de la banda es tal que es imposible elegir entre el rayo que sacude a Cline a la guitarra principal, la magia y la energía que rige las manos de Kotche en la batería, la polivalencia de Pat Sansone, la presencia necesaria del piano de Jorgensen ó el bajo imprescindible de John Stirrat. La gran interpretación vocal de Tweedy, que grita cuando ha de gritar y susurra cuando ha de susurrar, dificulta aún más la elección, porque parece que en Wilco nada sobra, nada falta, todo está donde tiene que estar.

Pasada poco más de una hora, Wilco decidió despedirse del escenario para dar paso a un primer bis en el que no faltaron temas como Hate it here o Walken. Al término de este primer bis, todo el teatro se levantó por insistencia de Tweedy, que pedía ánimos para el batería Glen Kotche. Una vez de pie, el respetable no volvió a su asiento. El sexteto se marchó de nuevo y volvió al escenario para dar paso a un segundo bis en el que optaron por el rock más clásico de I'm a wheel o Monday para despedirse de Málaga, que en esos momentos estaba rendida a sus pies.

Pasarán los años y en alguna sobremesa, en alguna barra de bar, en cualquier lugar, alguien recordará que aquel 25 de mayo, estuvo allí, en el Teatro Cervantes, viendo a Wilco, cuando sólo eran una certera esperanza musical. Larga vida a los nuevos reyes del rock.

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