Larsson refina el desasosiego criminal en la saga 'Millenium'

  • La segunda novela del autor de 'Los hombres que no amaban a las mujeres', uno de los libros más vendidos del año, fue presentada en Madrid por su amigo Kurdo Baksi

Stieg Larsson era un sueco tímido, un soñador y, sobre todo, una "madre teresa", según su amigo y compañero Kurdo Baksi, que presentó ayer en su nombre la segunda parte de la trilogía de novela negra injertada en denuncia social Millenium, en la que este "santo" borda el arte del desasosiego criminal.

Larsson, escritor y activista contra el maltrato de las mujeres y el racismo, fumaba 80 cigarrillos al día y bebía 20 cafés, lo que quizá explique el infarto que le fulminó cuando salía de su trabajo la tarde del 9 de noviembre de 2004, cuando solo tenía 50 años y sin que llegara a ver publicada siquiera la primera de sus novelas, Los hombres que no amaban a las mujeres, de la que se han vendido en España en sólo seis meses más de 300.000 ejemplares.

Si el escritor y periodista, director de la revista Expo, estuviera vivo y dispusiera de los millones de euros que han producido la venta de más de 7 millones de ejemplares en 32 países de la primera y la segunda entrega, se habría comprado "Marlboro Ligth, una casita cerca del mar y un barco chiquito", dice Baksi.

"Llevaría los mismos zapatos y la misma ropa" con la que le pidió ayuda para sacar adelante su revista, ha recordado Baksi en la presentación de La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina (Destino), en un acto celebrado en la embajada de Suecia que presidió su embajador, Anders Rönquist.

Tan claro tenía Larsson, la persona "más moderna y rara" que Baksi ha conocido, que estaba creando "lo mejor que un sueco había escrito nunca", que ya había "distribuido" los beneficios: los del primer libro se los quedaría él; los del segundo los destinaría a construir una casa para mujeres maltratadas en Estocolmo, y los del tercero, a un centro de estudios sobre el racismo.

De momento nada de eso se está cumpliendo. El padre y el hermano de Larsson, con los que no se hablaba, han dejado sin nada a su compañera durante 32 años, que le mantuvo y le permitió estar a salvo de las amenazas de muerte de los grupos nazis, porque no estaban casados, y pelean ferozmente por cada corona que genera su obra.

"Siempre me preguntan por la herencia pero eso es más complicado que lo de los kurdos, Irán, Iraq y Turquía. De cualquier forma, entre una mujer de 50 años y dos hombres con bigote yo ayudo siempre a la mujer", subrayó Baksi, que está "muy feliz" de haber compartido con Larsson 14 años de su vida.

En La chica que soñaba con una cerilla ... Larsson da de nuevo el protagonismo al periodista Mikael Blomkvist y a la hacker Lisbeth Salander, "una bisexual, algo muy impactante en Suecia porque allí están acostumbrados a Wallander -el detective de Henning Mankell-, un policía muy gordo, muy triste, feo y que no se peina pero que vende mucho", resumió bromeando Baksi.

Lisbeth es una mujer que no trabaja pero que gana mucho dinero, algo raro en Suecia "donde las mujeres ganan también menos que los hombres y nadie valora su labor en casa", mientras que Mikael es "solo en parte el alter ego de Larsson".

El autor tenía "miedo de las mujeres", su revista siempre daba pérdidas y era inseguro y tímido, mientras que Mikael es "un mujeriego", su revista, Millenium, es un éxito y tiene un carácter fuerte y resolutivo, apunta Baksi.

En esta ocasión, Lisbeth decide irse de Estocolmo y apartarse de Mikael, que se enfrenta a un caso apasionante de trata de blancas, y, mientras tanto, una muchacha atada a una cama sueña con provocar un fuego que acabe con todo.

Y poco más se puede contar de una trama, basada en un hecho real como el resto, que ocupa más de 750 páginas que no pueden dejarse, según el embajador sueco, que quiso acentuar la denuncia del maltrato y la violencia de género que hace Larsson a través de Lisbeth, "que no se deja victimizar y por eso entusiasma".

El escritor tenía "pensados" 10 libros cuando murió pero solo terminó los dos citados, La reina en el palacio de las corrientes de aire, que se editará el año que viene, y un "medio" que estaba en su ordenador y que Baksi cree que "un día se podrá publicar".

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