Cultura

Lew Archer, detective privado

  • 'El expediente Archer' (Roja & Negra) reúne todas las narraciones breves que Ross Macdonald dedicara al personaje

Los reyes indiscutibles, aunque discutidos, de la novela hard-boiled son Dashiell Hammett y Raymond Chandler. La exégesis tradicional sostiene que al primero le correspondería "la renovación del género negro" y al segundo "haberle dado altura literaria", aunque habría mucho que decir a propósito. También Hammett le dio empaque literario, también Chandler hizo importantes aportaciones a la narrativa criminal al impregnarla de los efluvios de la tragedia shakesperiana. En cualquier caso, si casi nadie discute el reinado de ambos maestros, más problemático ha sido nombrar a los príncipes herederos, aunque numerosas voces críticas coincidan en situar a Ross Macdonald no sólo entre los principales epígonos, sino entre quienes podrían incluso arrebatarles la corona. John Connolly confesaba que, a riesgo de parecer blasfemo, prefería la narrativa de Macdonald a la de Chandler. Una afirmación tal habría complacido enormemente al interesado.

Ross Macdonald admiraba a Chandler más que nadie y, al principio de su carrera, lo tomó como modelo a seguir (En respuesta, con las malas pulgas que acostumbraba a gastarse, Chandler lo tachó de "eunuco literario"). También Hammett estaba entre sus referentes. Se nota en esa sequedad expositiva suya y algunos sostienen, aunque Macdonald lo desmintiera en privado, que el apellido de su famoso detective, Lew Archer, es un homenaje sesgado al autor de El halcón maltés: así se llama el socio de Sam Spade que dejan tieso en los primeros compases de dicha novela. Estas reflexiones se avivan al calor de un volumen imprescindible por varios motivos, El expediente Archer, que reúne todas las piezas breves con Lew Archer como protagonista e incluye un sabroso apéndice con fragmentos de novelas truncadas, proyectos que se quedaron en la fase embrionaria, promesas que no se cumplieron. Ojalá sea el disparo de salida para el rescate de la obra larga de Ross Macdonald, pero de momento esto es lo que hay, y no es poco: una docena de narraciones largas, escritas entre 1946 y 1965, pertenecientes a los años áureos del género.

Muchas y notables son las virtudes de Ross Macdonald. Por un lado, es un magnífico retratista: los personajes salen a escena dibujados con tanta sencillez como contundencia. Por otro, tiene una mano prodigiosa para los diálogos, de importancia capital en estas historias pues, además de culminar la labor de caracterización, también forman parte de la intriga. La ironía está omnipresente y, cual hilo de acero, puede estrangular al respetable. En el relato La mujer barbuda, Lew Archer visita un museo en compañía del conservador de las obras: "Me hizo pasar por un almacén lleno de antiguos cuadros con marcos dorados -comenta Archer-, cuyos pintores merecían ser colgados, en el caso de que lo fueran los cuadros". Alguna vez, Macdonald fuerza al Hado para que el protagonista se halle en el lugar y momento oportunos, como en El suicidio, cuando el detective visita cierta playa justo en el momento en que sacan del agua el cadáver de quien andaba buscando, pero es pecata minuta.

Macdonald, como Chandler, propone una narrativa moral, sin moralinas. Lew Archer, al igual que Philip Marlowe, es un tipo esencialmente justo: "Yo no marco las vidas de la gente con el símbolo del dólar", dice a un cliente en El hombre enfadado. La confianza en la justicia o el anhelo de ésta, no obstante, es más acusado en Macdonald. Éste es capaz de condenar al culpable en los contados casos en que escapa impune. En Empresa inútil, Archer desenmascara al tipo que ha provocado la muerte indirecta de su esposa para heredar una cuantiosa fortuna, pero carece de pruebas para detenerlo. Como si quisiera tranquilizar la conciencia del lector, Archer se reserva una última revelación que, bajo las forma del sarcasmo, coloca las cosas en su sitio: poco después, el criminal morirá en un accidente al volante del Ferrari comprado con dicha herencia.

Ross Macdonald. Mondadori, Barcelona, 2010

David Thompson, Mondadori, Barcelona, 2010.

Michael Marshall, Mondadori, Barcelona, 2010.

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