Crítica de Teatro

Licántropos en el prepúsculo

historia de mikoto

Centro Cultural María Victoria Atencia. Fecha: 10 de junio. Dirección: Alberto Cortés. Reparto: Elena de Cara, María del Mar Suárez, Judith Gómez y Alberto Cortés. Textos: Alberto Cortés, con la colaboración de las actrices del reparto. Coreografías: María del Mar Suárez y Alberto Cortés. Aforo: Unas 150 personas (lleno).

Lo bueno de ver a estas alturas Historia de Mikoto es poder corroborar que Alberto Cortés se ha convertido al fin en Alberto Cortés. Lo que no deja de ser paradójico al hilo de un espectáculo cuyos personajes no son lo que quieren ser y quieren ser lo que no son. Bajo su forma de juguete inacabable, de perpetuum mobile repleto de hallazgos, Historia de Mikoto habla del deseo. Y lo hace de manera directa y sin medias tintas, hasta llevar al espectador (acomodado ayer en el mismo escenario del Centro Cultural Provincial) al espejo en el que querría mirarse de otra forma. Los personajes, con Mikoto, la japonesa que quiere ser flamenca, a la cabeza, son personas que a su vez son licántropos, como todas las personas: gente a la que el cuerpo le pide transformarse en otra cosa. Sucede, sin embargo, que Alberto Cortés se atreve a llegar para contar esto a donde nadie se atreve nadie. Si otros se quedan al filo del abismo, Cortés salta, se despeña, vuela, se estrella, se vuelve a levantar y empieza de nuevo. Se la juega, invita al público a no tener miedo y el público comparte su aventura. Y, precisamente, es una gozada participar en esto como en una aventura.

Historia de Mikoto significa el triunfo de la imaginación. La evidencia de que otro teatro sigue siendo (todavía, tanto tiempo después) posible. Todo ello con una Elena de Cara soberbia, que ya se ha convertido también en Elena de Cara y a la vez en Mikoto, en una construcción fabulosa. María del Mar Suárez firma un trabajo asombroso, así como Judith Gómez. Historia de Mikoto es una parodia de la existencia para la que hay que estar dispuesto a romper todas las barreras, y las tres actrices llevan el empeño adelante con todas sus consecuencias. Alberto Cortés ha conseguido, de paso, ser el cow-boy que quería ser. Y nosotros con él, maldita sea.

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