Lluïsa Forrellad publica a los 83 años nuevo libro

  • La ganadora del Nadal en 1954 edita una novela negra y de intriga ambientada en Roma

Lluïsa Forrellad ganó el Nadal en 1954 con Siempre en capilla, reapareció cincuenta años más tarde con Foc Latent y ahora a los 83 publica un nuevo título, L'olor del mal, una novela negra y de intriga, aunque ella dice que no sabía determinarle el género hasta que su editor, Joan Simon, se lo dijo. La escritora rememora que la tenía guardada en un cajón de su casa, lleno de proyectos literarios, que gracias al ordenador ha ido pasando en limpio en el último lustro, a la vez que les daba su forma final.

Dice que L'olor del mal, que publica Angle Editorial, la tenía muy adelantada, desde que la empezó a apuntalar en los años setenta, aunque se inspiró en ella gracias a las lecturas que hizo en la postguerra española de los diarios italianos, que le servían para comparar lo que acontecía en aquel país con respecto a España.

El nuevo relato presenta una Roma vitalista y descarada, en la que hay un crimen que "compromete el buen nombre de la gente", con un personaje inclasificable y sin ideales, Fausto Trani, acompañado por su hermana aristocrática, Liliana; un jefe de policía mutilado llamado Gervasio Strata, y el sargento Campanella, callado y clarividente. La trama, con giros inesperados, no obvia casos de pederastia, prostitución, bajos fondos, tráfico de drogas e identidades falsas.

Forrellad señala que lo primero que hizo fue buscar a los personajes y perfilarlos y luego les encontró un escenario en forma de una Roma que le deslumbró gracias a sus lecturas, porque, confiesa, sólo ha estado en la capital italiana una vez y fue únicamente durante unas horas. Sin embargo, advierte que, igual que ocurre en todas sus obras, detrás hay un "gran trabajo de documentación" en el que, por ejemplo, refleja el nacimiento de los paparazzi.

Lluïsa Forrellad nació en Sabadell (Barcelona) en 1927 y siendo trabajadora del pequeño taller textil familiar, ganó, en 1953, el premio Nadal con Siempre en capilla, con gran éxito de crítica y público, y más de treinta ediciones y traducciones. Sin embargo, optó por desaparecer de la escena pública, conociéndose desde aquel día como la "escritora fantasma".

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