Mansada de Valdefresno y otra tarde de aburrimiento

  • El Capea en el tercero y Barrera en el cuarto, ovacionados; Tejela fue silenciado en su lote · Victorino, que lidia hoy, última ganadería para salvar un pésimo tramo

Se lo han puesto en bandeja a Victorino Martín. Ninguna de las corridas lidiadas en el tramo torista ha roto. Únicamente la corrida de Palha, de juego desigual, fue encastada. Con estos mimbres y toreros desacertados o poco placeados hemos vivido un comienzo de abono en el que el aburrimiento, el bostezo o la desesperación se han ido alternando. La corrida de ayer de Valdefresno superó en mansedumbre a las lidiadas anteriormente. Era de esperar que por su encaste, Atanasio-Lisardo Sánchez, no se empleara en los dos primeros tercios. Pero es que la mansedumbre fue excesiva y general en todo el encierro, incluido el sobrero que saltó en segundo lugar, sustituyendo a un inválido. Una corrida de desiguales hechuras y en la que destacó en su juego el tercero, que sirvió para la muleta y no aprovechó del todo Pedro Gutiérrez El Capea.

Hay ganas de toros. Sevilla está de dulce en lo climatológico. De purísima y sin una nube, su cielo fue testigo de la infumable corrida que hizo séptima del abono. Aficionados y espectadores que tomaban asiento.

-A ver si es en ésta; se oía en los tendidos. Pero no fue. Ya la cosa comenzó con mal pie cuando Marqués, al que deberían haber puesto de nombre Acróbata, dio un par de volteretas y anduvo desorientado en un tercio de varas que rayó la pantomima entre las protestas del público. Unas protestas comedidas, como suelen ser en la Maestranza. Bueno, alguno llegó a gritar aquello de "¡Sinvergüenza!" al presidente, que se mantuvo en sus trece y nos hizo tragar con una birria de toro con el que Barrera insistió en muletazo va y muletazo viene hasta que unas palmas de tango le hicieron entrar en la suerte suprema; por cierto, sin acierto.

Con Antonio Barrera vivimos un mal trago, un momento dramático cuando se echó de rodillas en el cuarto para una larga cambiada junto a tablas. El sevillano, que se vio cogido, se tiró a la arena y se hizo él mismo el quite haciendo la croqueta. El toro iba directo a quitarle la cabeza, pero afortunadamente desvió su atención al capote del torero, que volaba en ese momento a su diestra. Luego, un mozo, también oportunamente lanzó su gorra de plato desde el callejón. Todo quedó en un susto enorme. Barrera se lució en unos doblones con la diestra, consiguió una tanda con entidad con esa mano y poco más. Por el pitón izquierdo no tragó el toro. Propinó una estocada de buena factura.

Matías Tejela mantuvo un pugilato con un sobrero, manso, de Conde de la Maza, sin que consiguiera domeñarlo. El toro reponía por el derecho una barbaridad y por el izquierdo el madrileño consiguió algunos muletazos sueltos de entidad. Sus banderilleros dieron un mítin, clavando varias veces las banderillas como las hacen: de una en una. El presidente fue de nuevo abroncado al cambiar el tercio. El astado tenía prendidas tres banderillas, cuando el reglamento exige un mínimo de cuatro.

Con el mansísimo quinto, que acabó más parado que un toro de Guisando, Tejela no tuvo opción alguna.

El Capea tuvo como primer oponente un manso con una veintena de arrancadas más que potables por el pítón derecho. En las tres tandas, correctas, no llegó a entusiasmar al personal. Le faltó ceñirse más en los pases. Por la izquierda sufrió un desarme y el toro acabó rajado. Arrimón y estocada para recoger una ovación.

El Capea persiguió por media plaza al huidizo sexto, que se desentendía de las telas y se quedaba debajo a mitad del pase. Acabaron en toriles. Punto y final.

Los toros huyeron durante el espectáculo y el público, ante tal desaguisado también huyó en el quinto. No había caído el sexto cuando se cumplían dos horas y media de un aburrimiento supino y la desbandada fue sensacional ¡Qué gran tarde de toros... mansos! ¡Qué inolvidable tarde...!

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