Mansedumbre, Eolo... la nada

  • Descastada corrida de Valdefresno, un viento que afectó a la lidia y una terna de la que únicamente se salva, por sitio y disposición, Curro Díaz

El cartel no era de relumbrón, pero hubo un nuevo lleno hasta la bandera en este San Isidro que ya enfila la recta final con un nombre destacado: El Cid, al que se espera mañana ante los victorinos con una expectación máxima. Lo de ayer no quedará para el recuerdo. Ni las actuaciones de los toreros ni la mansa corrida de Valdefresno. Únicamente destacó algo un Curro Díaz con sitio y pinceladas. Para colmo, el viento se sumó como un protagonista sin compasión para amargar la vida a la terna.

Curro Díaz cumplió ante un lote desigual. El jiennense se lució a con el capote ante el noblón segundo, que no descolgó nunca. Un manso que en la muleta salía siempre con la cara por las nubes y acabó dando coces, un ejemplar más cerca de la vaca lechera que del toro bravo. El diestro linarense concretó una labor de pinceladas, con algunos muletazos preciosos, como una inmensa trincherilla.

¿Qué no hay quinto malo? Panderetón, de salida, saltó al callejón, partiendo el listón superior de la madera con el hocico. Curro Díaz, muy dispuesto, instrumentó un trasteo por ambos pitones a un animal que rebrincaba, en el que prevaleció la firmeza. Buena estocada. Pero la cosa se enfrío al propinar el linarense hasta ocho descabellos.

José Ignacio Uceda Leal, que abría cartel, no dejó huella. En el primer acto, entre el viento, que lo descubrió una vez, y un toro que se revolvía con prontitud, no pudo lucirse. Con el cuarto, sin apenas entrega, Uceda estuvo desacertado. No debió castigarle por bajo en el comienzo de una labor que no pasó de esforzada.

Salvador Vega no llegó a romper con el lote menos dificultoso. Como en su última actuación en Sevilla, tuvo problemas en la colocación. No adelantó la muleta y la mayoría de muletazos fueron medios pases. El tercer animal fue el mejor del encierro. Vega, molestado por el viento, no llegó a encontrarse a gusto en ningún momento. Dentro de su esfuerzo, únicamente sacó una tanda corta con la diestra y el de pecho. Con el manso sexto no llegó a resolver positivamente.

Lo mejor, sin duda, fue el sitio y la disposición del estilista Curro Díaz. Pero, independientemente del balance, paupérrimo, con seis silencios, hay que insistir en ese maldito viento que en muchos pasajes se comportó como un barrabás. Cada día apremia más acabar con ese morlaco salvaje que hace volar caprichosamente las telas y añade un IVA de riesgo a los toreros. Es incomprensible que en el siglo XXI, donde existen posibilidades técnicas para ello, no se haya solucionado el problema en Las Ventas, donde se celebran más de 70 festejos cada temporada. ¿Para cuándo una cubierta en la plaza de Madrid?

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