Máscaras y lucha de clases

  • La compañía afincada en Suiza Teatro Malandro presenta hoy y mañana en el Cervantes 'El señor Puntila y su criado Matti', de Brecht, dirigida por Omar Porras

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Bertolt Brecht escribió El señor Puntila y su criado Matti en 1940, durante su exilio en Finlandia. No atravesaba una situación sencilla: había huido de Alemania el año anterior, tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial y el apogeo de Hitler, primero a Suecia y luego a la patria de Sibelius. En 1941, los nazis llegaron a Helsinki y prosiguió su escapatoria, vía Vladivostok en la Unión Soviética, hasta Santa Mónica en Estados Unidos. Así, en plena condición de desarraigo, el dramaturgo mayor del siglo XX concibió una "comedia popular", tal y como él mismo la bautizó, en torno al terrateniente Puntila y su chofer Matti. Un verdadero tesoro escénico que la compañía suiza Teatro Malandro, que dirige el colombiano Omar Porras, presenta hoy y mañana a las 20.30 en el Teatro Cervantes con carácter de estreno en España.

El señor Puntila representa el conflicto de la lucha de clases desde la óptica de su siglo, motivo por el que, tal y como admite el mismo Porras, "la gente se sigue preguntando si el teatro de Brecht ha envejecido o mantiene su actualidad". Según explicó ayer el director, el alemán "es ante todo un poeta, y eso siempre nos permite indagar en su territorio para extraer nuestras propias conclusiones. Brecht fue también un teórico del teatro, pero no nos obliga a adoptar esta teoría. A menudo él mismo la rechazó cuando trabajaba en la práctica como director, y dejaba que la propia escena orientara el componente ideológico de la obra. Pero, en cuanto a la lucha de clases, es evidente que ésta sigue existiendo en América y Europa, aunque hayan cambiado los términos y ya no se hable de bolcheviques ni de comunistas. En este sentido, el mensaje de Brecht me sigue pareciendo del todo vigente".

En su adaptación, Porras hace uso de esa libertad y propone un espectáculo que va mucho más allá de la palabra. "En el último siglo, el impulso del texto teatral ha permitido la tiranía del verbo y ha despojado a la escena de su dimensión festiva y popular. En Malandro queremos eliminar de la escena su carácter elitista y ofrecer trabajos muy visuales, en los que la escenografía y la música sean igual de importantes que lo que se dice, porque una obra no puede limitarse a un concepto". Para el director, este empeño obedece a la propia naturaleza de la compañía: "En el grupo hay franceses, suizos, belgas, latinoamericanos y españoles. Constituimos una experiencia mestiza porque el teatro es también una realidad mestiza; los grandes artistas franceses como Moliére se inspiraron en Lope, y el mismo Lope estaba inspirado en la tradición teatral italiana" .

Así, El señor Puntila de Porras se resuelve en una experimentación escénica de máscaras, colores y técnicas orientales que devuelven al intérprete su esencia primigenia. "El actor es el pincel sobre el lienzo". Y el pueblo mira.

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