Mateo Gil resucita a Butch Cassidy para el western 'Blackthorn'

  • El realizador canario estrena este viernes una cinta reflexiva sobre el legendario forajido con Eduardo Noriega y Sam Shepard como protagonistas

El realizador canario Mateo Gil rescata de entre los muertos a Butch Cassidy en Blackthorn, un reflexivo western protagonizado por Sam Shepard y Eduardo Noriega en el que el legendario forajido es, dice, "una excusa para enfrentar a dos mundos distintos: el de los viejos y los nuevos valores".

Tras una notable carrera vinculada a Alejandro Amenábar, Mateo Gil vuela en solitario y muy alto en este filme que se estrena el viernes en España y en el que subraya "la diferencia entre robar un banco y robar a sus trabajadores", explica en una entrevista.

Como punto de partida, la supuesta supervivencia de este bandido estadounidense tras ser dado por muerto en Bolivia en 1908. Pero lejos de la camaradería y el sentido del humor que presidían Dos hombres y un destino, la célebre película sobre las andanzas de Cassidy junto a Sundance Kid, Gil se sumerge en la contemplación, en un héroe cuyo último acto de valentía es renunciar a su identidad y refugiarse en el seudónimo de James Blackthorn.

"La película es la mirada de Butch Cassidy hacia un mundo viejo que ya no existe. Después de haberse encerrado en Bolivia, sale y se encuentra con códigos y valores diferentes, pero él quiere preservar su propia mirada dentro de sí", explica sobre su protagonista. Gil, tras el thriller Nadie conoce a nadie vira ahora hacia un sincero y sostenido homenaje al western en el que también rescata al actor Stephen Rea.

"Blackthorn tiene la clara intención de un homenaje a una época, a unos valores", explica el realizador, quien utiliza como contrapunto al truhán de medio pelo que encarna Eduardo Noriega y que representa esos nuevos valores que ahora protagonizan las relaciones socioeconómicas. "Quiere ser un bandido pero sin darse cuenta tiene unos valores morales inconscientes muy distintos. Es una historia de hace cien años, pero no deja de estar vigente, porque la película habla de algo aplicable a la crisis", asegura el director. Por eso, Mateo Gil no acaba de entender esa etiqueta de "crepuscular" que se da un "western" algo nostálgico y con aroma de epitafio.

"Es verdad que hay otros más épicos o más revisionistas, pero creo que el western siempre ha sido crepuscular. Quizá este tiene muy presente esa sensación de paso del tiempo", explica. Para levantar este proyecto, además de basarse en el guión de Miguel Barros, el pilar fundamental fue la figura de Sam Shepard, mito viviente de la cultura estadounidense que se acerca a este inédito Butch Cassidy hasta crear una suerte de alter ego. "Es alguien admirable, que antes de rodar la película se fue tres meses solo a Bolivia, rodeado de gente que no hablaba su idioma", narra Gil. El carisma, la voz y la curtida faz de quien escribiera títulos fundamentales del cine como París, Texas se funde también con un tercer protagonista, el paisaje, que se integra de manera orgánica en el espíritu de Blackthorn. Pero además, Gil añade: "Como espectadores estamos inmunizados a los paisajes grandiosos en el cine, por eso quise hacer este 'western' en un escenario distinto. Para devolverle esa grandeza".

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